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| Somalíes en Panamá: Cuando la miseria toca a nuestra puerta |
| viernes, junio 12, 2009 |
Panamá, 10.junio.2009 Pocas veces la miseria absoluta —la de aquellos que no tienen esperanza de un futuro— toca a nuestra puerta. De vez en cuando, es cierto, se escapa alguna que otra hambruna, crisis humanitaria o bombardeo entre las noticias deportivas y las de farándula. Pero resulta excepcional que, por cuestiones del destino, algo que parece tan lejano llegue hasta nosotros y se meta silenciosamente en nuestra casa. Exactamente eso fue lo que pasó el viernes 29 de mayo, cuando en el Pacífico panameño, cerca del puerto de Coquira, las autoridades se encontraron con once seres aterrados –ocho hombres, una mujer y dos adolescentes— al borde de la deshidratación. Por día y medio habían estado varados en la costa. Venían de Somalia, paradigma de Estado fracasado al que unos pordioseros con AK-47 y lanchas rápidas –llamados “piratas”—, han vuelto a poner en el mapa. En el albergue masculino de la Dirección Nacional de Migración (DNM) en Curundú se encuentran, desde entonces, los ochos hombres somalíes. Mohamed Osman, un esbelto joven de 30 años, con los finos rasgos que caracterizan a los africanos del Este, nos saluda efusivamente. Habla muy buen inglés y parece el líder del grupo. “Deberían hablar con los demás”, dice, “yo les puedo ayudar a traducir lo que digan. El más viejo sabe más de política”. El ‘viejo’ al que Osman se refiere es Abdikadir Alí, de 45 años (la esperanza de vida en Somalia es de 47 años para los hombres). El más corpulento de los ocho, Alí llama la atención por el poblado bigote que luce sobre su labio superior. De él parece emanar ese aire de sabiduría que Osman y los demás le confieren. Los seis somalíes restantes nos reciben con una curiosa mezcla de entusiasmo y apatía. Sus edades van de los 19 años del más joven, Abdi Shakur Bashir, a los 34 de Mohamed Abdulah. Con unos penetrantes ojos chocolate claro, su esposa es la única mujer adulta que viajaba con ellos. Los demás, Abdullahi Ahmed, de 26 años, Abdinali Ahmed y Ali Mohamed, ambos de 23, y Abdul Gani Omar, de 20, lucen como lo que son: muchachos en la flor de la vida, que tuvieron la mala suerte de nacer en el lugar equivocado. Comenzamos conversando de la vida en Somalia. Lo primero que dicen es que su país está olvidado. “Es cierto que recibimos ayuda, pero sentimos que al mundo no le importa lo que sucede en Somalia. Se preocupan más de Palestina, por ejemplo, que de nosotros. El gran problema de refugiados en el mundo es Somalia”. Los muchachos no se equivocan: actualmente, la región del Cuerno de África, y hasta ciertos sectores de la vecina península Arábiga, están inundados de refugiados somalíes. Según datos de la ACNUR (la agencia para refugiados de las Naciones Unidas), sólo en Kenia hay unos 277.000 somalíes, 126.000 en Yemen, 36.000 en Etiopía, 8.000 en Djibouti y 7.000 en Ruanda. A estos números se suma la escalofriante cifra de 1.3 millones de desplazados internos, y las diásporas en otras latitudes, principalmente el Reino Unido y Estados Unidos. Aunque dicen que de política no saben mucho, para ellos, la vida bajo la Unión de Cortes Islámicas (UCI) era “lo máximo”. La UCI fue una unión de grupos islamistas —o ‘Cortes’, presentes en el país desde la década de los 90— que logró gobernar Somalia durante la última mitad de 2006, hasta que el “gobierno” apoyado por Occidente y por tropas etíopes les arrebató el poder. Entonces, la UCI se desmembró y dio origen a milicias como Al Shabaab y Hizbul Islam , que actualmente continúan luchando contra el gobierno. “Es lo más cercano a un gobierno que hemos tenido, pensábamos que empezaba una nueva era”, argumentan. Contrario a lo que se aseguraba en los medios occidentales, la UCI era inmensamente popular en Somalia y, durante seis meses, trajo al país lo que ningún gobierno había logrado en 15 años: ley y orden. La ley, por supuesto, era la sharia , la ley islámica. “Preferimos la sharia a una Constitución secular”, dicen, con ocho sonrisas inmensas. Pero luego vino el “gobierno” reconocido por EEUU, la UE, etc. y expulsó las Cortes. Llegaron apoyados por los etíopes, cristianos y enemigos acérrimos de los somalíes. “Los etíopes están ahí porque quieren venganza por el 77”, nos dice Abdi, el benjamín del grupo. A pesar de no haber nacido en ese momento, Abdi se refería a la llamada Guerra de Ogaden, uno de los inacabables episodios de la Guerra Fría en el que Somalia y Etiopía se enfrentaron, apoyados confusamente por EEUU y la URSS (Washington comenzó apoyando a Etiopía y terminó apoyando a Somalia, y Moscú siguió el camino inverso), dejando decenas de miles cadáveres e igual –o mayor— número de Kalashnikovs (AK-47) en ambos países. (Con respecto a los infames rifles, los muchachos dan un escalofriante dato: en los mercados de Mogadiscio, la capital, oscilan entre 60 y 80 dólares. La oferta incluye lanzagranadas –un poco más caros— y granadas de mano a alrededor de 20-30 dólares). Alguna, o varias, de esas AK-47 han sido utilizadas para secuestrar barcos en el Golfo de Adén. “Los piratas”, me dice Osman, “son unos ladrones, dicen ser la ‘guardia costera’ del país, pero en Somalia todos saben que están bien organizados y que el dinero les viene de fuera”. Osman, como todo somalí, sabe mucho de violencia, de rifles automáticos y granadas de mano. Nacido en Mogadiscio en octubre de 1979, ingresó a los cuatro años a una madrassa islámica —prácticamente el único tipo de educación disponible en Somalia— en donde estuvo hasta su adolescencia. Como todos los niños somalíes, Osman no pudo terminar la escuela. “El gobierno colapsó. Nadie podía educarnos”, dice con un reflejo de tristeza en sus ojos negros. Durante esos años, Osman vivió de primera mano lo que para muchos es sólo una buena película: la caída del halcón negro, el intento de intervención estadounidense en 1993 (conocido como “La Batalla de Mogadiscio”) que terminó con dos helicópteros (halcones negros) derribados, 18 soldados muertos y miles de cadáveres somalíes –civiles y combatientes— desparramados por las calles de la ciudad. “Recuerdo ver a la gente llevando los cuerpos sin vida por la calle, pero nada más”, asegura. “Tenía sólo 14 años”. Poco después, en 1995, una bomba de mortero entró por el techo de su casa matando a su padre e hiriéndolo a él y su hermano con metralla. “Por suerte, mi madre nos llevó al hospital y pudimos salvarnos”. “Lo peor de todo es que nunca sabré quién lanzó esa bomba, quién mató a mi padre”, nos dice pensativamente, con la voz de quien se ha acostumbrado a la vida en el infierno. “A pesar de todo, nunca agarré un arma”, dice muy seriamente. Desde entonces, Osman, como hermano mayor, se convirtió en el jefe de su familia, el que tenía que salir a diario a buscar el sustento. “Empecé a vender cosas para mantenernos”, cuenta, aunque “las cosas se pusieron peor cuando entraron los etíopes.. tuvimos que irnos a un campo de desplazados en las afueras de Mogadiscio por dos semanas. Cuando regresamos, nuestra casa estaba derrumbada, pero al menos estaba ahí”. Sus perspectivas del conflicto no son esperanzadoras. “Veo a mi país en guerra civil por 100 años más. Hay demasiado odio en la calle. Sin embargo, Alá es grande, y puede hacer cualquier cosa”. Con este pasado, impresiona la normalidad que despide Osman. Su comida favorita es el arroz con pescado, le gusta mucho el fútbol y es fanático de la selección nigeriana, el Arsenal inglés y el Barcelona español. No sabía que el Barcelona había ganado la Liga de Campeones. “¿En serio? ¿Quién marcó los goles? ¡Estoy seguro que Eto'o (jugador camerunés del Barcelona) marcó uno!”, dice riéndose a carcajadas. Osman también dice disfrutar las películas, tanto de Hollywood como de Bollywood, y la lectura de libros de historia y de su religión, el Islam. La vida de este joven somalí iba a cambiar por completo cuando conoció a un coyote, también somalí, que le ofreció llevarlo al Reino Unido por 1,500 dólares, un costo significativemente alto. “Al principio me pareció muy tentador”, recuerda, “en Somalia, ahora mismo, hay dos opciones: o te unes al conflicto o te vas del país. Además, en Londres podría conseguir un trabajo y, eventualmente, traer a mi madre y mis hermanos”. Después de ahorrar y pedir la colaboración de su familia, Osman pudo conseguir el dinero. “Partimos la última semana de febrero o la primera de marzo, no recuerdo bien”, dice. Al montar al barco, Osman conoció a las 10 personas con las que pasaría los próximos meses de su vida. “Nos metieron en un cuartito con poca luz, si acaso suficiente para vernos, y por una rendija nos pasaban comida una vez al día”. En esas condiciones, Osman y sus 10 compatriotas permanecieron por tres meses. “Fue lo más horrible de mi vida. Nada que haya vivido en Somalia se compara con eso. Si pudiera regresar el tiempo jamás me habría montado en ese barco”. Durante la travesía, Osman pensaba en su familia en Mogadiscio: su madre, su hermano y su hermana, aún varados en lo más parecido al infierno que hay en el planeta. Varios de sus compañeros, sin embargo, no podían darse ese lujo: habían perdido a todos sus familiares en el conflicto. La noche del miércoles 27 de mayo, los somalíes que tripulaban el barco les abrieron las puertas. “Llegamos. Estamos en el Reino Unido”, les dijeron. Al salir a cubierta, los once somalíes sólo vieron la inmensidad del océano. “Agua por los cuatro costados”, recuerda Osman. Los coyotes les dijeron que se montaran a un bote salvavidas para ser llevados a la costa. Los once, cada vez más asustados, se rehusaron. “¡Tienen que bajarse!”, empezaron a vociferar los coyotes, sacando unos largos bastones con los que empezaron a golpearlos. Las marcas en sus piernas atestiguan la veracidad del relato. “No nos maten”, dijeron, antes de subir al bote en el que, según cuentan, estuvieron entre hora y media y dos horas. Al llegar a una playa en medio de la noche, uno de los coyotes les dijo “bájense, caminen y cuando encuentren gente díganles que son refugiados”. Pero el calvario aún no acababa. Los once pasaron toda la noche y el jueves completo (28 de mayo) a la intemperie, sin probar bocado ni tomar agua, intentando protegerse de los insectos –como atestiguan los brazos de Abdi, llenos de marcas de picadas— y de la lluvia. “Algunos de nosotros yacíamos exhaustos, íbamos a deshidratarnos”, cuenta uno de ellos. Pero el viernes por la mañana, Abdi, el joven, vio humo saliendo de un lugar cercano. Junto con Abdulah, caminaron en la dirección del fuego hasta dar con la estación de policía del pueblo –San Buenaventura de Chimán—, en donde inmediatamente llamaron a un doctor que hablaba inglés. Poco después, fueron puestos a manos de las autoridades de Migración, que ubicaron a los hombres en el albergue de Curundú y a la mujer, Sainab Husein, de 34 años, en el albergue femenino de la Avenida Cuba. Los dos adolescentes están en manos del Ministerio de Desarrollo Social. Sainab, la única mujer del grupo, representa aún más que los hombres el drama de estos somalíes. Totalmente analfabeta, y sin conocimientos de inglés, Sainab está completamente aislada del mundo, varada en un país que no comprende y sólo aliviada por las visitas que le han permitido hacer a su esposo Abdulah. El velo que usa sobre su cabeza enmarca un rostro de facciones finas, con unos ojos profundísimos que transmiten una mezcla de tristeza, rabia y frustración. Es imposible hablar con ella. No entiende pero también parece que no quiere entender. Sólo alcanza a decir, por señas, que su país está consumido por guerras y que ella es musulmana. Nunca podremos saber su opinión de la sharia , la ley islámica que sus compañeros tanto favorecen, pero que muchos cuestionan por su trato a la mujer. Casi dos semanas después de su aparición en el país, estas once personas siguen sin saber cual será su destino. Actualmente están como indocumentados, y Migración está llevando a cabo una investigación. Los somalíes no son los únicos que han llegado a Panamá en condiciones extrañas. Hace pocos días, las autoridades detuvieron a 14 personas provenientes de Bangladesh, lo que sugiere que el país se ha convertido en una nueva ruta para el tráfico de personas, y podría haber panameños involucrados. Por otro lado, y a pesar de la historia que nos contaron, algunos medios panameños dijeron que “una fuente ligada a las investigaciones” reveló que los somalíes “pagaron 20 mil dólares cada uno, para hacer la travesía desde Somalia hasta Colombia para luego quedarse en Panamá”. Hasta ahora, ninguna de las versiones ha sido confirmada. Ellos, sin embargo, lo tienen muy claro: “queremos quedarnos aquí”. Para eso, han solicitado a la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR) que les conceda estatus de refugiados. Esta organización, junto a ACNUR, tendrán que llevar a cabo una investigación, que incluye entrevistas personales a cada uno en su idioma natal, en este caso el somalí. El problema es que, hasta ahora, no han sido capaces de encontrar alguien que hable ese idioma en Panamá. “¿No es esto una democracia, un país libre? ¿Entonces por qué no tenemos libertad?”, se preguntan los ocho hombres recluídos en Curundú. “Aquí nos tratan muy bien. Tenemos comida y techo, pero hoy, por primera vez, vimos la luz del sol”, se quejan. “Somos hombres, queremos trabajar. Salimos de nuestro país buscando libertad y estamos aquí encerrados”. Osman es aún más sincero. “Mi mayor aspiración es tener un país. Vivir una vida normal. Abrir una tienda, trabajar en ventas: eso es lo que me gusta”, dice con mirada soñadora y sonrisa inevitable. Pero confiesa que hay algo aún más profundo que eso, “tengo que terminar la secundaria. Mi padre me prometió que si la terminaba, me pagaría la universidad. Tengo que hacerlo”. Para Mohamed Osman, no hay bomba que pueda romper ese compromiso. |
posted by RicAngel @ 12:12   |
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| "Cuando los regímenes piensan más en sí mismos, sacrifican la sangre de su gente": Entrevista a Tzvi Yehezkeli |
| viernes, mayo 29, 2009 |
Aqui dejo la entrevista que le realicé al periodista Tzvi Yehezkeli. Casualmente, durante mi viaje a Israel visité las espectaculares instalaciones del Canal 10 en Tel Aviv y tuve la oportunidad de conocer a uno de sus compañeros de trabajo, Shlumi Eldar, encargado de cubrir Gaza, del que Yehezkeli hace mención durante la entrevista.
Varias cosas me impresionaron de este periodista. La primera es su enfoque, su manera de ver la vida y las circunstancias en las que le toca vivir. Yehezkeli es cínico con el poder, presenta el egoísmo de los poderosos en toda su desnudez. Sin embargo, es optimista, y le brillan los ojos al decirme que quisiera que más israelíes hablaran árabe. Me impresionó también su currículum: las últimas seis entrevistas que Yasser Arafat dio antes de morir, se las dio a él. Eso dice mucho del trabajo de este gran periodista al que, gracias a la embajada israelí (todo sea dicho), tuve el privilegio de entrevistar. Dado que solo es 14 años más viejo que yo, espero coincidir con Yehezkeli en el futuro. Y probablemente lo haré, en otras circunstancias, otro país, con otras personas, pero seguro que compartiendo su pasión por los conflictos que asolan al Medio Oriente, la región más fascinante del mundo.
Tzvi Yehezkeli no tiene de qué quejarse. Con 39 años, es jefe de la sección de Asuntos Árabes del Canal 10 de Tel Aviv, profesor universitario y, de vez en cuando, viaja a países como Panamá a hablar de su trabajo y la relación de su gente con ese mar de 350 millones de árabes que rodea a Israel.De origen kurdo e iraquí, Yehezkeli representa la nueva generación de periodistas israelíes. Su trabajo es reconocido por su manera única de ver las cosas y de encontrar puntos en común entre árabes y judíos. Además, es considerado un sex symbol , tanto en su país como entre la comunidad judía en Panamá (que, gracias a un acuerdo suscrito por la embajada israelí, recibe el Canal 10 en hebreo). “No me molesta en absoluto que piensen que soy guapo, pero me gustaría más que los que me ven supieran la diferencia entre un sunita y un chiíta”, dice. Durante su estancia en Panamá, La Estrella le hizo una extensa entrevista, en la que Yehezkeli, como pez en el agua, se explayó hablando de la situación actual del Medio Oriente y, en una segunda parte que será publicada mañana, de la revolución de los medios árabes y la relación entre árabes y judíos. Actualmente se encuentra en Egipto, “tanteando el ambiente” antes de la visita de Barack Obama porque “lo más importante es saber qué dice la gente común. Cuando Obama llegue ya yo estaré de vuelta en Tel Aviv, pero sabré qué piensan los egipcios”, aseguró. El periodismo árabe ha experimentado una revolución con la aparición de estaciones como Al-Jazeera. ¿Cómo lo describiría en la actualidad?
Mucha gente dice que AJ es la CNN de los árabes, y yo digo que no. Como con la democracia y otras cosas que vinieron de Occidente, en Medio Oriente tienen sus propios términos, sus propios estándares y su propio crecimiento. Sí hay una revolución de medios en el mundo árabe, pero no quiere decir que el flujo de la información sea libre. AJ rompió algunos moldes, y salió a otro espacio (TV satelital). Transmitiendo desde un país pequeño como Qatar, introdujo al televidente árabe a la confrontación de opiniones políticas. El eslógan de AJ es “la opinión y la otra opinión”. Por primera vez ,el mundo árabe vio dos opiniones por televisión. Hasta entonces, solo conocían la TV gubernamental. AJ se ha cuidado de no atacar directamente a los regímenes, o desvelar tramas de corrupción, sino que han traído gente de afuera para que lo haga. Por supuesto, tienen su propios intereses asi que no hablan de Qatar, de Siria o de Irán con connotaciones negativas. Están siempre con la revolución: cuando Hamas y Fatah se enfrentaron, AJ se fue con Hamas y prohibió a Abu Mazen (Mahmud Abás, presidente de Fatah y la Autoridad Nacional Palestina). Sí, es una revolución. La gente está hablando y creo que es el primer paso hacia una libertad de prensa real en el mundo árabe.
Hablemos de los medios israelíes. ¿Como describiría su trato de la ocupación, los palestinos y los árabes en general, y cómo se ubicaría en ellos?
Israel, como un país democrático, cubre el mundo árabe de manera distinta que los medios occidentales. Primero, porque no estamos en occidente. Segundo, porque el árabe es también idioma oficial de Israel. Y tercero, porque somos parte del conflicto. Para el periodismo israelí, cubrir los asuntos árabes tiene dos particularidades. Primero, el público israelí sabe mucho acerca del conflicto. Si yo digo en TV que Hamas está tratando de derrocar a Abu Mazen en Cisjordania, los israelíes van a pensar “viene la intifada, mi casa y mi familia están en peligro”. En ese aspecto somos como gemelos. Segundo, nuestro periodismo afecta el panorama político palestino. Cuando los palestinos quieren dirigirse a Israel, hablan con los medios israelíes. Yo diría que el 60% de las noticias en Israel tienen que ver con los árabes de alguna u otra forma. ¿Cómo? En el Canal 10, nuestra sección árabe tiene tres periodistas en el frente -uno en Gaza, uno en Cisjordania y yo- y tenemos cinco periodistas monitoreando todo lo que sucede en el mundo árabe: leyendo sus periódicos, hablando con la gente, mirando la TV de Hamas o Hezbollah para tratar de descifrar lo que piensan y dicen los palestinos. Lo que dicen en los medios no suele ser lo que piensan. A veces dicen cosas porque saben que los citaremos. Es un sistema complicado, pero pienso que la cobertura israelí de los árabes es bastante completa.
¿Qué necesita un periodista para cubrir a los palestinos?
Primero, hablar árabe fluidamente. Vivir allí, como lo hice, o como lo hace Amira [Hass, del diario Haaretz]. Segundo, verlo todo en contexto, lo que significa hablar con el ciudadano común, el campesino que perdió su tierra, el taxista, [el presidente] Abu Mazen, la corrupción de Fatah, el enfrentamiento Hamas-Fatah, los refugiados, etc. La cuestión palestina no es solo de derechos humanos. Es principalmente de derechos humanos, pero no termina ahí, hay muchas más perspectivas y elementos.
Usted trabajó en la radio del ejército. ¿Cuál es el tono de esos reportes?
La prensa más libre que he visto en mi vida fue la Radio de las Fuerzas de Defensa Israelíes. ¡Incluso los palestinos la escuchan! Una vez llevé una entrevista con [el político palestino encarcelado] Marwan Barghouti, y ellos tenían una con el jefe de personal del ejército, y pusieron a Barghouti primero. Como son la radio del ejército, se esfuerzan más en ser neutrales y correctos, así que hay exceso de corrección. Incluso hoy, cuando me entrevistan, no tengo ningun problema en decir lo que pienso.
Acostumbra preguntar trivialidades a los líderes que entrevista (Arafat le dijo una vez que le gustaba mirar Tom y Jerry en la TV). ¿Porqué?
En un mundo multicultural y multifacético, hay que ver las cosas de manera diferente a los demás. Cuando yo entrevistaba a Arafat, sabía que podía preguntarle qué pensaba acerca de esto o aquello, pero otros periodistas, incluso los de las agencias, podían hacer lo mismo. Yo quería algo que me mostrara quién es realmente. ¿Qué comes? Me respondió que vegetales licuados. ¿Qué ves en la TV? Me dijo que Tom y Jerry. Y así lo conoces mejor. Estas cosas dicen mucho. Cuando entrevisté a un pistolero como [el amnistiado ex terrorista palestino] Zakaria Zubeidi le pregunté “¿Tienes novia?” y me respondió “Sí, es judía, se llama Tali Fahima”. Yo le dije “quiero ver tu celular, qué ringtone tienes, qué juegos tienes”. Además, creo que los periodistas debemos hacer cosas especiales.
¿Cual es la cosa más importante que los israelíes deben tener en cuenta al referirse a los árabes?
La cultura. El idioma, involucrarnos más en aspectos culturales-étnicos-linguísticos con los palestinos y el mundo árabe. Quisiera que la gente, mientras hacen zapping entre CNN y el Canal 10 de Tel Aviv, miraran Al Jazeera, que participaran en Al Jazeera y ésta les diera un espacio. Quisiera que el árabe se volviera realmente nuestro segundo idioma. Es nuestro deber, [los israelíes] somos 7 millones y los árabes son 350 millones. Mientras más los conozcamos, más nos daremos cuenta que somos más parecidos de lo que pensábamos.
Vemos, por ejemplo, a Hamas proponer treguas de 50 años. ¿De qué manera influye el sentido árabe o musulmán del tiempo en los conflictos en la región?
Es un sentido del tiempo distinto. Los árabes viven en tiempo de Oriente Medio y nosotros en tiempo 'inmediato' u occidental. Hay una frase en el Corán que dice “Dios está con el paciente”. Incluso [el fundador de Hamas] Ahmed Yassin decía que se debía tener la paciencia del cactus en el desierto. Los palestinos avizoran el conflicto cien años más adelante. Y por eso, cuando quieres resolver el conflicto palestino-israelí de ya para ya , no se puede evitar todo el odio, la historia, el pasado. Los israelíes deberíamos pensar a largo plazo. No vamos a derrotar a [el líder de Hezbollah Hasan] Nasrallah en un enfrentamiento de Playstation, no podemos resolver el problema palestino sentándonos con Abu Mazen y dándole un beso –no es Abu Mazen, son 4 millones de refugiados y 3 millones de palestinos (en los territorios ocupados)--, no podemos hacer la paz con Siria invitando a [el presidente sirio Bashar al] Assad a la Knesset (parlamento israelí). Si eso sucede, se verá muy bien en televisión, pero no en la realidad, y [el proceso de paz de] Oslo es el mejor ejemplo de esto.
Hablemos de política. Puede la coalición liderada por Hezbollah ganar las elecciones del Líbano (7 de junio) y, de hacerlo, gobernar el país?
No pueden ganar todos los escaños debido al sistema libanés (los escaños están dividos por facciones religiosas), pero creo que serán la facción dominante del gobierno. Según la Constitucion, en Líbano el presidente debe ser cristiano, el primer ministro musulmán suní y el presidente del parlamento un musulmán chií. Por primera vez desde que enmendaron la constitución en Doha (2008), Hezbollah aumentará su poder y tendrá poder de veto en el parlamento. Van a estar más involucrados en el gobierno y serán un poder que nadie podrá ignorar. Hasta ahora, sunitas y cristianos se repartían el poder, y ahora los chiítas serán parte de ello. Así que tiene cosas buenas y malas. La buena es que serán parte del estado, más legítimos, más nacionales. La mala, que su lealtad es hacia Irán, así que por primera vez habrá un brazo a favor de Irán dentro del gobierno libanés. Ya no serán más la Hezbollah que cava túneles y se enfrenta a Israel, sino que ahora estarán obligados a dar soluciones, educación, dinero...todos los aspectos de la vida diaria. También hay mucho dinero iraní. Se estima que Irán le dio a Hezbollah al menos mil millones de dólares para estas elecciones, de la misma manera que los saudíes ayudan a los suníes. Hicieron una alianza con [el general cristiano] Michel Aoun para asegurar la victoria. ¿Y qué hacen los cristianos yéndose con Hezbollah? Simple, los cristianos reconocen cuál es el poder emergente y en la actualidad son los chiíes. En Medio Oriente, Irán es el poder emergente. Así que creo que Hezbollah no va a 'conquistar' Líbano, pero si va a gobernarlo desde adentro con un 40-50% del parlamento.
¿Cuál sería la reacción de Israel?
Para Israel es bueno. Si Hezbollah hace algo, tenemos una dirección, son el gobierno. En el 2006 había una división entre Hezbollah y el gobierno libanés. Había que golpear a Hezbollah pero no al gobierno. ¡Ahora Hezbollah es el gobierno! Si secuestran soldados, es un acto de guerra. Israel puede bombardear su parlamento legítimamente. Así que es más fácil. Y el mundo árabe, visto desde la perspectiva del enfrentamiento entre suníes y chiíes, creo que dará un paso hacia atrás y verá que debe tratar al Líbano de otra manera. En todo caso, creo que el mundo le pasará la factura. Y Hezbollah tiene una responsabilidad. Creo que Hezbollah va a seguir dos caminos. Uno, seguir siendo un estado dentro del estado, y dos, ser parte del gobierno. No puedes seguir estos caminos paralelos, algun día te tienes que estrellarte. Le pasó a Hamas cuando se unieron al parlamento palestino y Hezbollah también va a llegar a un punto en el que tendrá que renunciar a algo. No sé a qué. Si en el gobierno les va bien, quizás su ejército se una al ejército libanés –no veo eso suceder ahora—pero, si continuan teniendo un brazo armado dentro del gobierno, le estarán probando a todo el mundo árabe que trabajan para Irán.
Al anunciar su esperado discurso al mundo musulmán el 4 de junio en El Cairo, ¿cree que Obama legitimiza el regimen de Hosni Mubarak, que muchos consideran una dictadura?
Los americanos ven el Medio Oriente de una manera muy plana: moderados y extremistas, y están equivocados. EEUU debe hacer las cosas sin clasificarlas como hizo Bush. Antes de la eleccion de Hamas, Bush invitó a Abu Mazen a la Casa Blanca y dijo “este es un hombre de paz, voten por él”. Pero a la gente en el Medio Oriente no les gusta que EEUU les diga lo que tienen que hacer. Les gusta que EEUU los apoye, les gusta EEUU para emigrar. Así que el apoyo estadounidense para los regímenes 'moderados' debería ser para todos ellos, incluso Siria. Con Irán, que no es parte del mundo árabe, también deberían trabajar, pero de otra manera, de una manera más astuta. No empujar a nadie hacia la democracia, que es un proceso que debe ir poco a poco. Arafat me dijo una vez que la democracia es como el azúcar en el café: si pones demasiado de repente, no te lo puedes tomar. Incluso Israel no es una democracia al 100%.
¿Qué papel juegan los Hermanos Musulmanes en el apoyo occidental a Mubarak?
Son muy significativos en Egipto porque controlan las calles. Pero si le preguntas a la gente común que si realmente cree que Mahdi Akef [líder del grupo] puede gobernar el país, todos te dirán que no. Los Hermanos Musulmanes son excelentes en la oposición, culpan a Mubarak por todo. ¡Hasta por las inundaciones del Nilo! Y lo hacen con cierta justicia: Mubarak es el gobierno y Egipto no es democrático, así que debe asumir responsabilidad por todo lo que sucede en el país. Pero mira lo que pasó en Gaza. Gobernar Egipto como Hamas (que tuvo su origen en los Hermanos Musulmanes) gobierna Gaza, no es inteligente. Lo que va suceder es que ellos, como en las elecciones de 2005, participarán en el juego democrático. Como Hezbollah, han comprendido que desde el sistema pueden lograr cosas...cuando se tienen elecciones no se necesitan revoluciones. Es bueno,que poco a poco, se vayan agregando colores al panorama político. Egipto es un buen lugar si lo comparas con Siria, en donde ni un solo partido puede ir en contra de Assad. En Egipto tienes cinco corresponsales de Al Jazeera que están todo el tiempo criticando a Mubarak. Así que es relativo: Egipto es más libre que Siria, y el Líbano es más libre que Siria y que Egipto. Se trata de etapas. En la actual Mubarak goza de una especie de consenso. ¿Que quieren elecciones libres? Quizás, pero Egipto es un país de 75 millones de personas de los cuales el 80% son muy pobres. ¿Quién les va a dar comida? Desde 1952 Egipto es un país estable, hizo la paz con Israel (1979), se ha recuperado de ataques terroristas... ¡es un país! EnSiria, la gente es pobre, nadie sabe lo que sucede, hay un Assad que es un tipo carismático, con una esposa hermosa, y por eso la gente piensa que no hay problemas. Y es todo lo contrario: hay arrestos políticos, problemas de derechos humanos, terrorismo, de todo.
¿Qué tan importante es que Siria esté gobernado por una minoría (alauitas) de cara a la paz con Israel?
Assad quiere negociar la paz. Israel lo ha golpeado (en 2005, Israel bombardeó una supuesta instalación nuclear en territorio sirio) y el ha permanecido callado, y queriendo negociar. Es como un saco de boxeo, le destruimos su planta nuclear, llevamos a cabo asesinatos, los estadounidenses bombardean su territorio (octubre de 2008 en la frontera sirio-iraquí) y él aún quiere negociar. ¿Por qué? ¿Porque necesita el Golán? No tanto. ¿Obtener el Golan revolucionará Siria? No. Assad quiere, antes que nada en este mundo, preservar su régimen y consolidar sus intereses en Medio Oriente. El problema israelí es número cuatro en su lista de prioridades. Siria va con Irán contra todos los árabes. Assad es el 'chico malo' del Medio Oriente, quiere afianzar y legitimar su sistema. Hasta ahora es el 'padre' de la resistencia, de Hamas, de Hezbollah (que tienen sedes en Damasco). No sé como pretende cambiar eso, pero creo que en su horizonte se ve avanzando hacia occidente, echando a los terroristas de Damasco. Ese es su sueño. Pero realmente no puede deshacerse de esos nexos. Esa es la diferencia entre la voluntad y los hechos.
¿Le ha salido el tiro por la culata a Israel con sus acciones en la región?
¿En qué sentido?
Muchos dicen que al invadir el Líbano en el 82 Israel prácticamente creó a Hezbollah...
Es cierto. También 'creamos' de alguna manera a Hamas. Cada vez que ponemos nuestra mano sobre alguien, su gente termina rechazándo y viéndolos como traidores o informantes. Es como con Obama: no se debe interferir en los sistemas políticos extranjeros. Se debe dar el ejemplo. Los árabes pueden ver cómo Israel es un ejemplo de democracia, y eso es más efectivo que forzarlos a ser como tú. Muchísima gente en Medio Oriente quiere ser como EEUU, pero no quieren que los americanos los fuercen a ser como ellos. Esa es la pequeña gran diferencia. Por eso es que Israel hoy en día debe trabajar con Abu Mazen, pero no apoyarlo. Tenemos que dar un paso atrás y ser el ejemplo.
¿Es la lucha palestina por un Estado o por derechos y reconocimiento?
Es por justicia, más que nada. La gente cree que se puede resolver el problema palestino en una reunión de negocios. Son 62 años de refugiados, de vivir en condiciones que no se encuentran ni en los países más pobres. Primero, debemos hablar de justicia, y luego de amor. La paz es acerca de amor. Primero debemos saber qué necesitan los palestinos para mejorar sus vidas, y solo entonces te abrazarán. Es como una pareja que quiere abrazarse, pero no se dan una ducha hace 62 años. ¡Límpiense!¡Piensen! El conflicto palestino se empezará a resolver en los corazones, en las familias. Cuando haya paz en los hogares palestinos, cuando Fatah y Hamas no se anden matando. Saquemos la violencia de nuestro lenguaje, y entonces podemos sentarnos a hablar de justicia. Ahora estamos saltando a 'marcos de paz' en la televisión, y la gente aun está sufriendo. Hoy en día, se puede obtener más desde dentro del sistema. Porque tienes legitimidad para combatir al terrorismo. En Gaza, la gente fue la que pagó el precio. Khaled Meshal (líder de Hamas) dijo en un hotel cinco estrellas de Damasco que continuaran, que no habría bandera blanca. ¿Por qué? Porque él no estaba en un campo de refugiados siendo bombardeado por Israel. Él no sabe. Primero necesitamos una etapa de humanidad, de paz interna. Entonces, podremos avanzar.
¿Es la destrucción de Israel un objetivo real de estos grupos? ¿Cree que es un factor decisivo para negociar?
Creo que Hamas es un poco más estricto cuando dice que quieren demoler Israel. Es un objetivo legítimo de ellos y no tiene importancia quitarlo o dejarlo en su carta fundacional. Hay un montón de árabes a los que les gustaría ver a Israel desaparecer. Es cuestión de ego. Pero, ¿es realista?¡No! No es real, pero ¿por qué no ponerlo en tu carta? Esto no debería ser problema para hablar con Hamas. Y de hecho lo hacemos. El alcalde de la municipalidad cisjordana de Qalqilyah (Marouf Zaran), que está más cerca de Tel Aviv que de Gaza, es Hamas. ¿Y qué hace todas las mañanas al llegar al trabajo? Llama a Israel. ¿Por qué? Porque necesita agua, electricidad, etc. Podemos hablar con Hamas acerca de ciertas cosas. Si es acerca de empacar nuestras cosas e irnos al mar, entonces no hablaremos con ellos. Pero podemos hablar acerca de los pasos fronterizos en Gaza, de [el soldado israelí secuestrado] Gilad Shalit, de cómo mejorar la vida de los palestinos. Con todo, creo que Hamas es muy joven en la arena política. Por eso creo que muchos palestinos añoran a Arafat. Abu Mazen hizo demasiadas concesiones a Hamas para las elecciones de 2006. Arafat le había dicho a Hamas “si quieren ser parte de nosotros, únanse a la OLP, no solo al Parlamento”. Seis meses después de la muerte de Arafat, Abu Mazen enmendó la constitución y cambió las reglas electorales bajo presión de Hamas. Por eso ganaron las elecciones. Utilizaron la debilidad de Abu Mazen. En tiempos de Arafat, eso jamás habría pasado. Son jóvenes, impetuosos, tienen mucho ego y energía. Pero mira lo que pasó en Gaza. Cuatro meses después del ataque, Gaza aún está a la espera del dinero para la reconstrucción, que está en los bancos, esperando a ser usado. ¿Porqué no construyen casas? Porque aún piensan más en ellos que en su propia gente. Cuando los regímenes piensan más en sí mismos, sacrifican la sangre de su gente. Pasó en Líbano en 2006, pasa en Siria y le pasó a Hamas hace poco.
¿Son Abu Mazen y Fatah los verderos representantes del pueblo palestino?
Si haces una encuesta a toda la diáspora palestina y todos los refugiados, no obtendrían mayoría. Pero tampoco sé si Hamas obtendría mayoría. Los palestinos están atrapados entre dos malas opciones. Fatah nunca desarrolló la nueva generación y Hamas fracasó en su promesa de “el Islam es la solución”. La gente se dio cuenta que el Islam –me refiero a Hamas—es el problema, y no la solución. Pero al final, muy en el fondo, el espíritu palestino es más Fatah que Hamas.
Cómo ha evolucionado el liderzgo árabe e israelí... de Dayans, Ben Gurions, Nassers, Husseins o Sadats a la actualidad con Abu Mazens, Liebermans, etc?
Del sueño a la realidad. De soñar con echar a Israel, a la realidad de sentarse con ellos y reconocer que están aquí. Y ahora a la situación actual, cuando Egipto, Israel, Kuwait, Bahrein, Arabia Saudí, Jordania y los Emiratos están en un solo grupo. Por supuesto, no están en la TV abrazándose a diario. Pero tienen intereses muy cercanos en contra del chíismo y la bomba islámica de [el presidente iraní Mahmud] Ahmadinejad. Así que ha pasado de los sueños a la realidad y de allí a una situación que les obliga a ser amigos. Y no por amor. La gente del Medio Oriente no es amiga por amor, sino por intereses. Por eso es que ahora estamos cerca de los saudíes.Cuando Israel atacó la instalación nuclear en Siria, los saudíes nos susurraron las gracias. Cuando Israel atacó a Hezbollah en Líbano, los egipcios nos susurraron las gracias. Cuando Israel atacó a Hamas en Gaza, Abu Mazen nos susurró las gracias.
¿Cree que el enfrentamiento ideológico entre Obama y Netanyahu se trasladará a políticas y acciones?
Obama va a presionar a Netanyahu. Es obvio. Pero Netanyahu, como primer ministro, quiere ocuparse primero de la amenaza existencial. ¿Es más importante para el ciudadano israelí que Abu Mazen no obtenga el porcentaje de tierra que desea? ¡No! Estamos hablando de una bomba. Creo que Netanyahu acertó en enfocarse en esa prioridad. No dijo “Irán sí, Palestina no”. El dijo Irán, y luego los palestinos, Siria y todos los demás. Pero cuando vas al doctor y tienes una herida abierta, no le hablas de tus dolores de cabeza. Las emergencias vienen primero. Por eso creo que los americanos no saben en lo que se están metiendo con esa intención de conversar con Irán. Los iraníes están jugando y, a sus ojos, la intención de Obama de dialogar es una debilidad. La democracia a los ojos de la dictadura es una pérdida. Ellos creen que Bush fracasó, y por eso se fue a su casa. Bush no fracasó, sino que agotó su término. Y ahora viene Obama, y quiere hablar con Irán. A los ojos iraníes, esto es debilidad. Por eso es que Mubarak está tan asustado de este diálogo con Irán, y por eso Obama acudirá a él primero, el 4 de junio, y no a Siria, por ejemplo. Pero, al final, no es un paso sabio, en términos del Medio Oriente, decirle a Irán que quieres hablar. ¡Sólo házlo! Ni siquiera han hablado hasta ahora, solo han hablado de que van a hablar. No le dices a una chica que vas por ella, sólo vas. Obama anuncia que quiere hablar con Irán y Irán se está aprovechando.
¿Se arriesgará Netanyahu a atacar a Irán, con todo lo que conlleva?
No creo que Israel deba hacerlo por sí solo. Un Irán nuclear no es solo nuestro problema. Es de Kuwait, de los saudíes, de los jordanos y hasta de los palestinos. Si se juntan y deciden algo, perfecto. Pero Israel no debería ser el que le saca las castañas del fuego a los demás.
Habla como si diera por segura la victoria de Ahmadinejad en las elecciones...
Creo que lo tendrá díficil, pues será un reflejo de lo que piensa el pueblo. Ahora hay desempleo, inflación, problemas económicos. Esa es la situación en Irán. ¿Como se reflejará en el régimen? No lo sé. Pero tenemos que estar atentos. En todo caso, el que toma las decisiones en Irán es el mismo [Ali Jamenei], la situación no cambia.
Ya pasó con Khatami...
Exacto. Khatami fue una gran promesa. Pero no veo cómo cambió las cosas. Fue una imagen para los medios, el 'moderado'. Abu Mazen, por ejemplo, es bueno porque solo tiene bigote. [El primer ministro de Hamas en Gasza Ismail] Haniyeh es malo porque tiene barba. A la gente en Irán no le importa el problema palestino, o la negación del Holocausto...¡Ellos quieren vivir vidas felices! No quieren que Ahmadinejad dé mil millones de dólares a Hezbollah en el Líbano...quieren que le dé el dinero a la gente. Como dije, cuando los líderes piensan más en si mismos, aplastan a su gente.
Finalmente, ¿cómo pueden empezar a llevarse mejor los árabes e israelíes? De estar usted en el poder ¿qué medidas tomaría?
Primero le diría a la gente que va a tomar tiempo. Que no es para la TV de mañana o el periódico de mañana. Debe ser un cambio de las bases. Vayamos a donde están los refugiados, y preguntémosles con qué sueñan, qué desean. Sin populismo. Hacer cosas concretas para resolver problemas. Por eso, creo que nadie me elegiría, porque tendría que permanecer 50 años en el poder para lograr algo. |
posted by RicAngel @ 00:56   |
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| Talibanistán: ¿mito o realidad? |
| viernes, mayo 08, 2009 |
Panamá, 07.mayo.2009
En sus poco más de 100 días como presidente, la maquinaria bélica de Barack Obama se ha concentrado, casi por completo, en la lucha contra el terrorismo en la frontera entre Pakistán y Afganistán. La línea Durand –impuesta a la fuerza hace 116 años por Sir Mortimer Durand para separar el Raj Británico del Emirato de Afganistán-- ha traído de cabeza a muchos antes que al nuevo presidente americano. Lord Roberts, comandante británico, dijo en 1893 que aquella era “una parte del mundo en la que la anarquía, el asesinato y el robo han reinado de manera suprema”. Robert Fisk, quizás el corresponsal más famoso del mundo, recuerda en un artículo reciente que “el problema es que los pashtunes piensan que esa tierra se llama Pushtunistán, y no reconocen la línea Durand (que parte el “Pushtunistán” en dos), al igual que no lo hacían en el siglo XIX”. Fisk concluye lapidariamente que “cuando millones de personas no reconocen una frontera, entonces ni todos los caballos ni hombres del rey (o de Obama) serán capaces de hacer algo al respecto”.Ignorando la historia, Obama ha decidido zambullirse de lleno a “la tumba de los imperios”. De hecho, la era Obama ya ha producido un término para definir su enfoque de este conflicto: Af-Pak. El término, que goza de la sencillez y simplicidad característica de los norteamericanos, involucra en el conflicto también a Pakistán, tradicional aliado de EEUU y que, casualidad o no, se ha convertido en poco menos que un país al borde del colapso. El asunto, desde luego, es sumamente importante. El gobierno de Islamabad cuenta con armas nucleares –la llamada “bomba islámica—que, de caer en las manos “equivocadas”, podrían desatar un verdadero desastre global. El sólo hecho de imaginar a los fanáticos talibanes derrocando al gobierno pakistaní provoca insomnio en muchos lugares del mundo, de Washington a Nueva Delhi, pasando por Teherán y, quizás, también por Tel Aviv. Los medios, casi al unísono, se han apresurado a convertir a Pakistán en el lugar más peligroso del mundo. El New York Times, en un reciente análisis, hablaba de “cronogramas apocalípticos”, citando un informe del Atlantic Council –un think-tank de Washington— publicado en febrero y elaborado por los senadores Chuck Hagel (Nebraska) y John Kerry (Massachussetts) que le daba al gobierno pakistaní de 6 a 12 meses para que la situación pasara de “mala” a “peligrosa” En su análisis, el Times cita también a David Kilcullen, especialista en guerrillas que asesoró al General Petraeus durante su gestión en Irak, que aseguró que el país podría colapsar en seis meses. Haciéndose eco de este y otros análisis, el veterano periodista Robert Dreyfuss escribía en su blog en la revista The Nation que “hace un año, habría pensado que la idea de que fundamentalistas islámicos tomaran Pakistán era ridícula. No más. No concuerdo con Kilcullen en que Pakistán podría colapsar en seis meses, pero tampoco es imposible”. “Sin embargo”, concluyó Dreyfuss, “no nos equivoquemos: este es el problema más peligroso del mundo”. El asunto retumbó inclusive en Israel. Bradley Burston, columnista del diario Haaretz, se preguntaba –trayendo el asunto al interés israelí-- si sería posible que el Talibán “consiguiera la bomba antes que Teherán”. Otros, sin embargo, no coinciden con las visiones apocalípticas que inundan los medios de comunicación a diario desde Washington. “Islamabad, al contrario que el San Petersburgo de 1917 o el Teherán del 78-79, no caerá por una revolución popular”, escribió hace unos días en el Asia Times Online el reconocido analista brasileño Pepe Escobar. La voz de Escobar no es fácil de ignorar: el paulista forjó su leyenda con su cuasi-profético artículo “¡Atrapen a Osama ya! O sino...”, publicado en el mismo diario sólo dos semanas antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Y es que los números hablan por sí solos: al menos el 55% de los 170 millones de paquistaníes son punjabíes, en su gran mayoría musulmanes chiítas, sufis, o mezcla de ambas (el Talibán es rabiosamente suní y consideran a los chiítas como infieles). Cerca de 50 millones de paquistaníes son Sindhis, seguidores del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP), de corte centrista y marcadamente secular y al que pertenecía Benazir Bhutto (los Bhutto han dominado tradicionalmente el PPP) y pertenece su viudo y ahora presidente Asif Alí Zardari. Escobar asegura que el Talibán paquistaní está subdividido en tres grupos, que en conjunto suman unos 10,000 insurgentes (de acuerdo a otras fuentes podrían estar alrededor de los 35,000) sin fuerza aérea ni tanques. “Pensar que esta banda de chusma puede acabar con el profesional y bien equipado ejército paquistaní, el sexto ejército más grande del mundo, que ya se ha enfrentado al coloso indio en batalla , es ciertamente ridículo”, concluye el brasileño. Desde esta óptica, acabar con el problema Talibán parecería reducirse a una operación rutinaria para el ejército paquistaní. Pero la situación en Pakistán es, como todo en esa región, bastante más compleja de lo que parece. Mucho se ha escrito acerca de la incapacidad del ejército paquistaní –cuyo “enemigo número uno” ha sido y sigue siendo la India— de enfrentarse exitosamente a una insurgencia doméstica. Esta afirmación, si bien es cierta, se queda corta para explicar la situación en la áreas tribales paquistaníes. Aftab Ahmad Sherpao, ex ministro paquistaní del Interior, se lo puso claro al New York Times: “en Pakistán, combatir la insurgencia es visto como una causa estadounidense”. Islamabad, su ejército y su todopoderosa inteligencia militar ISI (Dirección de Inteligencia Inter-Servicios) mantienen hace décadas una relación amor-odio con Estados Unidos: si bien han sido oficialmente aliados, es vox populi que muchos oficiales del ejército y del ISI simpatizan con la causa talibán (incluso muchos dicen que el ISI es el gran responsable de su resurgimiento en Afganistán después de que la invasión de 2001 los sacara del poder), se dice que han entrenado a muchos de sus comandantes para uso futuro (o presente) en Afganistán o la Cachemira india y es un hecho que el reciente acuerdo de paz que implementó la sharia o ley islámica en el Valle del Swat –y que los talibanes, según aseguraron a Al Jazeera ayer, consideran “muerto”-- fue promovido principalmente por el ejército. Los militares, por supuesto, también se defienden. “No se puede iniciar una operación exitosa con un déficit de confianza. Pakistán es un aliado de EEUU. Pero cuando nos vinculan al Talibán, los soldados dicen 'al infierno con ellos si piensan así luego de haber perdido 1500 vidas' (número de soldados que el ejército asegura han muerto luchando en las áreas tribales)”, asegura el general Javed Ashraf, ex director del ISI. La creciente presencia india en Afganistán –que está construyendo carreteras y ha abierto dos consulados recientemente en ciudades cercanas a Pakistán—no ayuda tampoco a motivar a muchos paquistaníes contra unos talibanes que, al fin y al cabo, son paquistaníes y musulmanes. En Jelhum, un pueblo al sur de Islamabad, por ejemplo, se dio el caso de una familia que rehusó aceptar el cadáver su hijo por haber muerto luchando contra compatriotas musulmanes en suelo paquistaní. A pesar de que la situación es grave, es evidente que Islamabad no caerá pronto, y probablemente nunca lo haga. Para Escobar, la histeria actual puede tener varios motivos: primero, que una verdadera democracia y gobierno civil en Pakistán es, en su opinión, contrario a los intereses norteamericanos. Segundo, prosigue, “muchos en el gobierno paquistaní quieren seguir recibiendo millones de parte de Washington para supuestamente luchar contra el Talibán y a la vez armarlos para luchar contra EEUU y la OTAN en Afganistán”. El brasileño finalmente apunta que al Asia Times le ha sido asegurado que el Pentágono y el ex dictador Pervez Musharraf podrían estar tramando un golpe de Estado. “Es crucial recordar”, apunta Escobar, “que todos los golpes militares en Pakistán han sido llevados a cabo por el jefe de personal del ejército. Así que el hombre del momento es el General Ashfaq Kiani”, que goza de una íntima relación con el jefe del Estado mayor de EEUU, Mike Mullen, y es un enemigo declarado del Talibán. Lo único real es la dramática situación de los pobladores de las regiones tribales. Sin importar la importancia de la amenaza –e ignorando los casi diarios ataques aéreos estadounidenses en suelo paquistaní, una violación de la soberanía paquistaní y de las leyes internacionales que ha duplicado su frecuencia desde que Obama asumió el poder--, Islamabad enfrenta un desastre de proporciones mastodónticas: se calcula que entre las áreas tribales (FATA) y la Provincia de la Frontera Noroccidental (NWFP) al menos un millón de personas han sido desplazadas. Solamente ayer, y en la víspera de una operación masiva contra los insurgentes, cientos de miles de habitantes de Mingora, la mayor ciudad del valle del Swat, huían de sus casas. Ángeles Espinosa, enviada especial del diario español El País informaba que: “atrapados en el fuego cruzado, el millón y medio de habitantes de Swat corre el riesgo de engrosar el elevado censo de desplazados. El ministro de Información de la NWFP, Mian Iftijar Husain, dijo que esperaban medio millón de personas y que estaban preparando su acogida en los distritos vecinos”. Casualmente, o no, mientras esto sucede Zardari se encuentra, junto a su colega afgano Hamid Karzai, en Washington, y muchos creen que la “desproporcionada” operación contra los talibanes paquistaníes no es más que un intento de demostrarle al nuevo jefe, Barack Obama, que Pakistán está enteramente comprometido con una “guerra contra el terrorismo” que, como bien dice Espinosa, los aliena, a él y las élites políticas paquistaníes, cada vez más de la población. El embrujo de la línea Durand parece extenderse al este. “¿Es que nunca aprendemos?”, se pregunta Fisk, “Pakistán está detonándose frente a nosotros. ¿Y qué hacemos? ¿Tratamos de resolvar las heridas de Cachemira, de Palestina, de Kurdistán o El Líbano? No... nos embarcamos en otra 'aventura' llena de veneno y bombas sucias... ¿el lugar más peligroso del mundo?”. |
posted by RicAngel @ 13:41   |
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| Racismo y Discriminación: cara a cara con la historia |
| lunes, mayo 04, 2009 |
Panamá, 28.Abril.2009
En su libro El cercano Oriente, que narra la historia de la región Mesopotámica desde el 8,500 a.C hasta 1968, Isaac Asimov nos ofrece un vivo relato de crueldad, discriminación, batallas, conquistas y masacres. Asimov –considerado uno de los tres escritores más grandes de ciencia ficción pero también un reconocido historiador y divulgador científico--, sin embargo, hace una excepción con un personaje: Alejandro Magno. Al contar el retorno del conquistador macedonio a Babilonia –y su casi inmediata muerte-- en el 323 a.C., el escritor ruso-estadounidense reflexiona: “su sueño era el de gobernar sobre un género humano unido. Trató de imponer una especie de hermandad entre los hombres. Hizo que los macedonios tomases esposas persas y el mismo adoptó los modos de vestir y la conducta de los persas. (...) Hasta proyectaba el transplante de poblaciones”. Para Asimov, Alejandro era un visionario, un adelantado a su tiempo que “había de fracasar en su ataque a la dureza del corazón del hombre”. Los macedonios –como todos los 'conquistadores' y 'vencedores' anteriores y posteriores a ellos-- “ignoraban el hecho de que ser amo era sencillamente invitar a los sometidos a tratar de ser amos algún día, siguiendo así eternamente esta lamentable farsa”. Al momento de escribir esas palabras, casi 23 siglos después de la muerte de Alejandro, la “farsa” de Asimov seguía más viva que nunca. Estados Unidos estaba en Vietnam. Un año antes, Israel había vencido a los ejércitos árabes en la Guerra de los Seis Días. La estela de la muerte, discriminación y dominio del vencedor sobre el vencido perturbó a Alejandro, perturbó a Asimov, y sigue perturbando al mundo en estos momentos. Un capricho del destino quiso que la semana pasada tuviera lugar una sucesión de eventos que pusieron de relieve distintos episodios de racismo, discriminación, genocidio y guerra. En Ginebra, la ONU celebró su segunda conferencia sobre el Racismo, apodada “Durban II”, y cuyo objetivo era revisar los avances realizados desde la última conferencia llevada a cabo en esa ciudad sudafricana en 2001. A mitad de semana, los judíos conmemoraron el aniversario del Holocausto, que coincidió este año con el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler. El jueves, la “comunidad internacional” se reunió para recaudar fondos para ayudar a Somalia, país sin Gobierno desde 1991. El viernes, Armenia recordó a los 1,5 millones de personas que murieron a manos de los turcos otomanos en la Primera Guerra Mundial A su vez, en Sri Lanka, la guerra más larga de Asia –con un marcado tono étnico-- parecía aproximarse a su fin. No es para nada inoportuno recordar que, en esos mismos días hace 15 años, los machetes hutus en Ruanda estaban dejando unos 10,000 tutsis muertos por día y en los Balcanes el mundo presenciaba, desde hace ya un par de años, cómo los ex yugoslavos se mataban entre ellos. Estos eventos, analizados detenidamente, ofrecen una triste pero real visión de lo que es hoy nuestro mundo y de lo poco –o mucho—que el género humano ha avanzado hacia el sueño de Alejandro, de Gandhi o de Martin Luther King. En la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, Barack Obama dijo que su presencia allí era la prueba de que Estados Unidos había “cambiado”. Casi al mismo tiempo, su país anunciaba el boicot a la conferencia sobre el racismo de la ONU debido a su “tono antisionista y antiisraelí”. Varios países “occidentales”le siguieron (Australia, Alemania, Canadá, Italia, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia). Sobra decir que Israel tampoco participó. Estados Unidos e Israel ya se habían retirado anticipadamente de la conferencia de Durban. El motivo por todos conocido era la intención de muchos países de incluir referencias directas (y condenas) a la ocupación de los territorios palestinos –y el trato a los que en ellos habitan-- por parte de Israel y de incluir el sionismo como una forma de racismo. Esta vez, Estados Unidos aceptó –después de haberse negado-- a participar en las negociaciones preliminares para la conferencia. En ellas, exigió que se eliminaran las referencias hacia Israel en el documento que declaraba las metas de la conferencia, lo cual le fue concedido. Pero no se detuvo allí. El gigante norteamericano exigió la eliminación de el llamado a compensaciones para los afroamericanos. Insistió en que la descripción del tráfico transatlántico de esclavos como un “crimen contra la humanidad” también fuera removida. El documento, sin embargo, en su versión final incluyó una dura condena a Israel por su trato a los palestinos. Esa fue la gota que derramó el vaso de Washington.
La actitud norteamericana –y de los países “occidentales” e Israel—dejó para muchos algo claro: el mundo “occidental” y alguna vez colonial, no está preparado para enfrentar sus propios fantasmas. Estados Unidos, un país que en su capital acoge un museo del Holocausto judío pero que nunca ha encontrado el valor para reconocer y enfrentar su rol en la esclavitud y el –por muchos considerado genocidio-- exterminio de los nativos americanos, perpetúa una cruel amnesia histórica. Por ello, no es casualidad que nunca hayan participado completamente en ninguna conferencia de esta naturaleza (1978, 1983, 2001 y 2009), en las que el mundo colonial se enfrenta al colonizado en una posición de total igualdad. Israel, el supuesto agravado de la conferencia, logró por momentos salir reforzado de la polémica cuando, al inaugurar la conferencia, las desafortunadas palabras del único jefe de Estado asistente a la cumbre, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad –quien calificó a Israel de Estado racista y dijo que el Holocausto había sido la “excusa” para la creación del Estado Judío-- provocaron la retirada de decenas de delegados de la sala. Sus palabras dieron la vuelta al mundo, provocando rabiosos editoriales e intervenciones de expertos que reivindicaban la “perversidad” de la República Islámica. Al día siguiente, en declaraciones que ya no resonaron tanto, el viceprimer ministro israelí dijo que Irán era como la Alemania nazi y el presidente de la Knesset (parlamento israelí), dijo que “el nuevo Hitler lleva barba y habla persa”. No está claro si ambos saben que en Irán reside la comunidad judía más grande de Oriente Medio (20.000 miembros), que cuenta con un escaño en el Parlamento y, entre otras cosas, tres sinagogas y tres escuelas. Los judíos de Irán, inclusive, no concuerdan con el Estado que dice hablar por ellos: “el boicoteo de algunos delegados nos ha parecido una ofensa hacia el pueblo iraní”, manifestó Cimmak Morsadegh, el representante judío en el Parlamento de Teherán, al diario español El País. Lo cierto es que, para muchos, la actitud israelí ante el foro de Ginebra, lejos de ensalzarlo, lo priva de una dosis más que necesaria de autocrítica y reconciliación. La manera como los árabes-israelíes (20% de la población) son tratados como ciudadanos de segunda clase, y la brutalidad y crueldad mostradas durante el último ataque en Gaza, opina el veterano periodista Martin Jacques en la revista británica New Statesman, “son un testimonio elocuente del racismo endémico en Israel”. “ Es irónico”, opina Jacques, “que un pueblo que ha sufrido el racismo a una escala tan enorme muestren la misma actitud hacia los palestinos y sus vecinos. Es un ejemplo de que las personas no necesariamente aprenden de sus errores”. Israel, irónicamente, es uno de los países que no reconoce el llamado genocidio armenio. Cuestionado sobre el tema, el académico Norman Finkelstein le dijo a La Estrella que era “por deferencia política con Turquía”, país que, si bien reconoce la muerte de muchos cristianos armenios durante la Segunda Guerra mundial, se rehusa a usar la palabra “genocidio”. Lo irónico del caso es que existen indicios que sugieren que Hitler pudo haber estado motivado por la falta de justicia y reconocimiento de este crimen para llevar a cabo el genocidio nazi. El académico argentino Martín Lozada, en su pequeño libro Sobre el genocidio: el crimen fundamental, sugiere que dicha experiencia “debió haberlo convencido de que la destrucción de un determinado grupo o nación, sin importar los medios utilizados, tiene altas probabilidades de ser aceptada”. Más alla de la necesidad israelí de mantener buenas relaciones con Turquía –que pertenece a la OTAN, cuyo espacio aéreo es vital para Israel y que ha servido de mediador en el conflicto con Siria—no deja de ser una cruel ironía que el Estado judío reproduzca la actitud que inspiró al Führer alemán . El reciente aniversario del genocidio armenio sacó también las primeras chispas entre dos aliados. Como es tradición, el presidente de Estados Unidos emitió un comunicado conmemorando la fecha, y no logró contentar a ninguno de los dos bandos. Obama, que durante su campaña presidencial se había referido en su propio website al hecho como “genocidio” --en lo que ha terminado siendo una desafortunada promesa electoral para los armenio-estadounidenses--, prefirió no usar la palabra prohibida y se limitó a llamarlo “atrocidad”. Al día siguiente, Ankara expresaba su irritación al considerar “inaceptables” las palabras del presidente. Pero no todo es furia, ya que solo días antes ambos países –que ya han mantenido incipientes contactos diplomáticos-- habían anunciado un plan para normalizar relaciones. Pero quizás no haya racismo más fuerte que aquel que no se denuncia y que muere en el olvido. El hecho de que, por primera vez, los países poderosos se reunieran para destinar fondos para reconstruir el Estado somalí, llama poderosamente la atención en este sentido. Somalia, cuyo gobierno colapsó en 1991, ha estado por largos años olvidada. Sus costas han sido utilizadas para verter desechos tóxicos y sus recursos marinos robados. Han tenido que ser los piratas, al poner en peligro las vidas y los bienes occidentales, los que han devuelto a Somalia y su situación a los titulares, y ahora, casi veinte años después, es que el mundo decide que hay que ayudar. Otros episodios atroces como lo ocurrido en el llamado Estado Libre del Congo (1885-1908), la finca personal del Rey Leopoldo II de Bélgica en la que murieron unos 5 millones de congoleños y en donde le cortaban las manos a los que no cumplían la cuota de caucho o el auténtico primer genocidio del siglo XX, la masacre de los pueblos Herero y Namaqua a manos de los alemanes en la actual Namibia (1904-1907), son dolorosos recordatorios de que ni siquiera en el dolor los seres humanos son iguales. Un dato demoledor: existe solo un estudio académico (King Leopold's Ghost de Adam Hochschild) sobre lo ocurrido en el Estado Libre del Congo. La cifra estimada de estudios acerca del Holocausto nazi es de 10,000. Otros hechos acontecidos esta semana y este mes pusieron de relieve algunos otros aspectos de la historia colonial y las profundas heridas que aún siguen abiertas. Las políticas de “divide y vencerás” practicadas por algunos colonizadores europeos jugaron papeles determinantes en desastres como el genocidio ruandés o la guerra que aún sigue en Sri Lanka. En ambos países, tanto tutsis como tamiles fueron favorecidos por los colonizadores, en detrimento de las mayorías étnica del país: hutus en el caso de ruanda y cingaleses en Sri Lanka, desembocando en guerras, miseria, masacres y humillaciones que a día de hoy parecen no tener remedio. Las profundas heridas abiertas por el racismo y la discriminación aún siguen muy abiertas en el mundo. Si bien es cierto que todas las razas y etnias experimentan el racismo, su daño ha dependido críticamente del poder económico y militar que posee el que lo practica. Las palabras del presidente iraní –con las que se puede estar de acuerdo o no-- solo sirvieron de excusa. Para los medios, sirvieron para no tener que hacer una profunda reflexión de lo que de verdad se puso de relieve, que es un mundo triste y profundamente dividido en estos asuntos. Para Estados Unidos, Israel y los países europeos, estas palabras sirvieron para no enfrentar los fantasmas de los abusos coloniales (y actuales), las matanzas, la esclavitud y las atrocidades cometidas a lo largo y ancho del planeta. Sin embargo, para las víctimas del pasado –los familiares de los masacrados, los descendientes de los esclavos, los representantes de las minorías exterminadas-- y del presente –los palestinos en Israel y en los territorios ocupados, los presos en Guantánamo, Bagram y las cárceles de la CIA, los tamiles en Sri Lanka, los aborígenes australianos, los tibetanos o uigures en China, la casi totalidad de la población del África subsahariana y tantos, tantos otros--, sirvieron solo para confirmar que el infierno que viven día a día tiene pocos visos de terminar. |
posted by RicAngel @ 02:30   |
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| El águila y el cóndor se encuentran en Trinidad |
| viernes, abril 17, 2009 |
Panamá, 17.abril.2009
El destino y el calendario –caprichosos— han querido que en el itinerario de viajes de Barack Obama figuraran antes las citas de glamour, lujo y autocelebración que las de miradas sospechosas, retórica complicada y situaciones incómodas. En su gira por Europa, Obama –como César en el Ponto—vino, vio y venció. Lo vimos encantar a la reina de Inglaterra, mediar entre Turquía y la Unión Europea, reinventar la OTAN, pronunciar un discurso “histórico” en la romántica Praga y cumplir su promesa de pronunciar un discurso en una capital musulmana, Ankara, en la que dijo que su país no estaba en guerra contra el Islam. El príncipe de Chicago sacó tiempo hasta para darse una vuelta por Irak a saludar a sus tropas. Ahora, Obama sale a dar una vuelta por su patio trasero. El presidente norteamericano se enfrenta, desde hoy y hasta el domingo, a un auditorio muy distinto del que encaró en Europa. Sería injusto –y hasta cruel—buscar en Evo Morales o Michelle Bachelet la elegancia y el encanto de Nicolas Sarkozy o Carla Bruni. Sería iluso esperar el embrujo de la Praga de Kafka en la isla caribeña de Trinidad. Si bien se siente más cómodo entre las élites europeas, en los hoteles de Londres, París y Berlín, en la presencia de líderes de naciones poderosas e industrializadas, Obama preside una nación, Estados Unidos, que pertenece al continente americano y que, como el vecino rico de un barrio pobre, jamás ha terminado de sentirse a gusto entre las demás naciones del hemisferio. La cumbre de Trinidad y Tobago tendrá un fuerte sabor a Cuba. La relación entre EEUU y la isla flotará sin duda en el ambiente, y algunos presidentes –Morales y Chávez— ya han anunciado que sacarán el tema a colación. El asunto está que arde: desde enero los líderes de medio continente han visitado la isla, y en la mega cumbre brasileña de diciembre, el presidente cubano Raúl Castro recibió un trato de estrella de Hollywood de parte de la gran mayoría de los mandatarios presentes. Curiosamente, ni Cuba es menos comunista ni EEUU menos capitalista, pero el estatus pseudo-paria de La Habana ante Washington es una piedra incómoda en el zapato latinoamericano: la isla revolucionaria no forma parte de la OEA, ni asistirá a la cumbre de Trinidad. Obama lo sabe, y viaja preparado. Por lo pronto, se curó en salud levantando esta semana las restricciones de viajes y remesas a cubanoamericanos en EEUU. La reacción general, es cierto, ha sido de inconformidad, pero nadie se atreve a negar que es un paso positivo –aunque pequeño— en la dirección correcta. El tema central, el bloqueo, es harto más complicado. Nadie lo comenta, pero si Obama levantara mañana el “embargo”, Raúl Castro probablemente se vería obligado a sacar el ejército a las calles: el Estado cubano simple y sencillamente carece de la estructura para siquiera cobrar un impuesto, y ni hablar de sistemas bancarios o financieros. Más aún, los Castro saben perfectamente que el levantamiento repentino del embargo traería consecuencias –políticas y económicas-- incontrolables, y en la isla están acostumbrados a que pocas cosas escapen de su control. La feroz presión latinoamericana hacia el acercamiento de ambas naciones responde al hartazgo de una región del mundo que cada día se gusta más a si misma. Cada vez que se mira al espejo, América Latina se ve más alta, más guapa, y está completando el primer y fundamental paso para ser realmente importante, que es creérselo. La cumbre de Brasil en diciembre –creada expresamente con la idea de que EEUU no forme parte de ella--, las recientes cumbres de Sudamérica y los países árabes, las iniciativas Sur-Sur y las vigorosas relaciones de muchos países de la región con China, Rusia o Irán son signos inequívocos de que un cambio irreversible está ocurriendo en el “patio trasero” americano. Fuera del tema cubano, la crisis económica será un tema central. Dos propuestas económicas se encontrarán frente a frente, y Obama se sentará a la mesa por primera vez con los países que humillaron al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) de su predecesor Bush en la cumbre anterior de Mar del Plata en 2005. El presidente norteamericano compartirá auditorio con líderes como Chávez, Morales, Correa o Lugo, elegidos gracias a movimientos masivos que fueron consecuencia directa de las políticas neoliberales impulsadas por EEUU en la región. De alguna manera, podría ser apropiado decir que Obama tendrá que lidiar con los frutos de las desastrosas políticas económicas y el abandono sistemático del “patio trasero” por parte de sus predecesores. Mientras el Tío Sam buscaba la piedra filosofal en Irak y Afganistán, los vecinos pobres del barrio se organizaron, se hicieron fuertes, y crearon propuestas económicas alternativas, basadas en una retórica anti-imperialista y anti-neoliberal que ha sido una de las armas más poderosas de la nueva izquierda latinoamericana, y que seguramente aparecerá –y retumbará— en la cumbre trinitaria. Si en Europa pocos se atreven a discutir los modelos económicos estadounidenses, en la Cumbre de las Américas, Obama deberá navegar entre el ALBA, el MERCOSUR e incluso algunos países como Panamá y Colombia que suspiran por ver ratificados sus tratados de libre comercio con el gigante del norte. Pero hay más temas en la mesa americana. La “guerra contra las drogas” ha dividido siempre al continente y es, para muchos, sinónimo de dominación estadounidense. Ningún país del “primer mundo” comparte una frontera tan grande con un país –y un continente—tercermundista como la que comparten EEUU y México. Ante la alarmante situación en la frontera del Río Grande, ambos países están iniciando una nueva era de cooperación, en la que Hillary Clinton ha reconocido la responsabilidad norteamericana en el problema y EEUU ha ofrecido apoyo militar. A pesar de que Obama viene de visitar a Calderón, se espera que el tema –sobre todo en lo concerniente al Plan Mérida y al posible traslado de la base de Manta a suelo colombiano—sea ampliamente debatido en la cumbre. Dice una antigua profecía inca que en el génesis, el dios del Tiempo creó el Sol y la Luna, y junto con ellos surgieron el águila y el cóndor (América del Norte y del Sur) con tal empuje, que dio lugar a Centroamérica y las naciones que se expandieron, dividiéndose por los cuatro puntos cardinales. Según esta predicción, en algún momento en el tiempo estas naciones se volverán a unir desde los cuatro suyus (los cuatro lados del imperio inca) después de cumplir su ciclo de liberación. Viéndolas luchar, cada una con sus propios fantasmas, es muy probable que las naciones de nuestro continente aún no estén liberadas. Pero con Barack Obama, un águila de hermoso plumaje y apariencia benévola, pocos parecen dudar que las Américas están un poquito más cerca que con el halcón Bush. La cita promete. Chávez, ávido de probar –frente al más moderado Lula—su liderazgo del bloque latinoamericano, probablemente esté ensayando en el espejo ese cruce con Obama. Uribe quizás rece por el TPC y el Plan Colombia. Fernando Lugo, el ex obispo travieso, seguramente espere que el tema de su paternidad no sea la comidilla de la cumbre ni afecte su imagen ante sus colegas. Cada líder irá con expectativas y actitudes distintas al encuentro con el vecino rico y glamouroso del barrio. Pero hoy, en Trinidad y Tobago, se hará historia por otro motivo: por primera vez el cóndor mirará al águila a la cara. Etiquetas: ALBA, ALCA, Bachelet, Bush, Correa, Cumbre de las Américas, Evo Morales, Hugo Chávez, Lugo, Obama, Trinidad y Tobago, Uribe |
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| Los corsarios del siglo XXI: ¿terrorismo o defensa territorial? |
| lunes, abril 13, 2009 |

Panamá, 13.abril.2009
El reciente drama del portacontenedores estadounidense Maersk Alabama y el remolcador italiano Bucaneer han vuelto a centrar la atención mundial en el tema de la piratería en el Golfo de Adén. Los piratas somalíes llevan ya un tiempo en los titulares (fueron nominados por la revista Time y por este periódico como uno de los 'personajes' del 2008) no sólo por su singularidad –han revivido la piratería del parche en el ojo y la pata de palo varios siglos después— sino también por la ridiculez de las situaciones que se están dando con cada vez más frecuencia en las costas somalíes. Para muestra, un botón: los piratas mantuvieron al capitán del Alabama, Richard Phillips, secuestrado a bordo de un bote salvavidas (el Alabama y el resto de la tripulación llegaron el sábado a Mombasa, Kenia) mientras que el USS Bainbridge, un destructor de 9,200 toneladas y 155 metros de la Marina estadounidense, lo observaba impotente. Por si fuera poco, el sábado los medios reportaron que los piratas habían “repelido a tiros” a miembros de la Marina de EEUU que habían intentado acercarse para conversar con los captores. Finalmente, Phillips fue liberado ayer –luego de un operativo de los Navy SEALs en el que tres piratas murieron y el otro fue capturado—, pero el fenómeno de la piratería en Somalia amerita un análisis más profundo.
Desde que irrumpieron en la escena mundial, los medios han reportado las 'travesuras' de los corsarios somalíes centrándose casi exclusivamente en el aspecto gangsteril de estos actos y en los impresionantes rescates que exigen. Según un reporte del Washington Post, los piratas habrían recibido unos 150 millones de dólares en 2008 en materia de rescates y de acuerdo al Buró Marítimo Internacional actualmente unas 14 naves y cerca de 200 tripulantes están aún en su poder. En el aspecto monetario, algunos medios han llegado mucho más lejos: Bernd Debusmann, columnista de la agencia Reuters, demostró que la piratería es un negocio inmensamente lucrativo al estimar que el secuestro del tanquero saudí Sirius Star no pudo haber costado más de 25,000 dólares, cifra ridícula si la comparamos con los 25 millones de dólares que exigieron a Saudi Aramco, la compañía dueña del barco, por su rescate. Lo que pocos medios han hecho –y esto lastimosamente ya no sorprende— ha sido averiguar porqué lo hacen. Al ahondar en esta cuestión, las patas de palo, los parches en los ojos y los pericos en el hombro desaparecen: detrás de esta inverosímil historia hay un mayúsculo escándalo. Los corsarios somalíes tienen una extraordinaria historia que contar, y su parte de justicia que reclamar.
“No nos consideramos criminales”, le dijo el líder pirata Sugule Ali en una entrevista telefónica al New York Times, “consideramos criminales a los que pescan ilegalmente y arrojan sus desperdicios en nuestros mares. Véannos como una guardia costera”. Si bien la analogía pueda no ser la más apropiada, las declaraciones de Ali ponen de relieve un problema que nació hace casi dos décadas. En 1991, el gobierno somalí colapsó. Desde entonces, el país ha sido incapaz de formar un Gobierno, y es considerado el Estado más fracasado del planeta. Sus nueve millones de habitantes han tenido que luchar con el hambre y las guerras, unos 3.4 millones de somalíes dependen enteramente de la ayuda humanitaria y sólo en 2008 se repartieron 260 mil toneladas de comida. Evidentemente, el 'mundo occidental' le ha dado la espalda a un país (Somalia sólo ha vuelto a los titulares gracias a los piratas) que continúa siendo –quizás junto a la situación en la República Democrática del Congo—el drama más ignorado de nuestro tiempo.
Pero si bien el llamado 'occidente' ha actuado con indiferencia ante los problemas somalíes, otros aspectos de ese desastre sí que han llamado su atención. Poco después del colapso gubernamental, misteriosos barcos europeos comenzaron a aparecer en las costas somalíes, vertiendo sus desperdicios al agua. La población costera empezó a enfermar. Al principio fueron enfermedades de la piel, náuseas y bebés nacidos con malformaciones. Luego, y después del tsunami de 2005, cientos de barriles llenos de desperdicios vertidos al mar llegaron a la costa. La gente comenzó a sufrir de enfermedades causadas por radiación nuclear, y más de 300 personas murieron. Ahmedou Ould-Abdallah, enviado de la ONU a Somalia, le dijo al diario The Independent de Londres: “Alguien está vertiendo desechos nucleares aquí. También hay plomo y metales pesados como el cadmio y el mercurio”. La mayor parte de los investigadores creen que los desechos provienen de fábricas y hospitales en Europa, que se los pasan a la mafia italiana para que se 'deshaga' de ellos. A la mismo tiempo, otro tipo de barcos europeos han saqueado el recurso más preciado de las aguas somalíes: sus peces. Se calcula que unos 300 millones de dólares en atún, camarones y langosta son robados cada año por pescadores ilegales.
Es en este contexto en el que han aparecido los corsarios del siglo XXI. El secuestro de embarcaciones en las aguas territoriales somalíes –que es donde ocurren la mayor parte de los secuestros—es, en su esencia, una pobre manera de autoorganización y defensa de lo que legalmente pertenece a Somalia, y un particular intento de responder a un mundo occidental que, mientras ha dado la espalda al pueblo somalí, ha dejado que sus más oscuras fuerzas se aprovechen de la situación en el país más caótico del planeta. El portal somalí de noticias Wardheernews.com realizó recientemente una encuesta en que halló que que el 70% de los somalíes veían a la piratería como una forma –si bien cruda y primitiva— de defensa de sus aguas territoriales. A pesar de la ilegalidad internacional de la piratería, la mayor parte de los somalíes parecen estar de acuerdo en que es la única manera de proteger lo poco que queda del arrasado país.
El mismo sitio web, en un reciente editorial, hizo una interesante observación: los gobiernos regionales (en Somalia) están implícitamente apoyando la piratería. Los inmensos rescates pagados están de alguna manera beneficiando a los habitantes y autoridades del interior somalí, quienes a cambio brindan protección y ayuda a las milicias piratas. “¿Cómo, sino, puede explicarse que un desorganizado grupo de piratas pueda secuestrar un tanquero como el Sirius Star o un barco que cargaba tanques rusos T72?”, concluye el portal. Por supuesto, ninguna de estas cosas justifica el secuestro de embarcaciones y mucho menos de sus tripulantes. De igual manera, muchos (o pocos) de estos piratas son simples criminales y no pescadores “obligados” a ejercer la piratería. Pero, como pregunta el periodista y escritor inglés Johann Hari: “¿realmente esperábamos que los hambrientos somalíes chapotearan pasivamente en sus playas mientras las llenábamos de desechos tóxicos y nos llevábamos sus mejores recursos marinos para comerlos en nuestros restaurantes en Londres, París o Roma?”.
Los piratas del siglo XXI son sólo la punta del iceberg de la mega crisis que ha resultado del colapso del Estado somalí y de la actitud indiferente de la comunidad internacional. Sólo un Estado fracasado como Somalia puede producir un fenómeno semejante y, consecuentemente, la solución al problema está lejos de ser militar: cualquier esfuerzo que no esté directamente encaminado a restaurar el Estado somalí, a levantar su economía y a respetar sus recursos naturales está destinado a fracasar. “Lo que estamos viendo actualmente es la irrelevancia de la respuesta naval a la piratería”, dijo Peter Chalk, experto en seguridad marítima de la Corporación RAND, a la agencia IPS. “Atacar el problema de la piratería en el mar es atacarlo demasiado tarde”, continuó, “hay que lidiar con la raíz del problema, que está en tierra. Tendremos que lidiar tarde o temprano con ella”. La mayoría de los expertos coinciden en que la completa eliminación de la piratería pasa necesariamente por una solución integral que acabe con la anarquía del país africano. El ex embajador estadounidense en Etiopía y actual profesor de la Universidad George Washington, David Shinn, opinó que “no hay solución a este problema hasta que no haya una solución en Somalia. Desafortunadamente, eso no va a suceder de la noche a la mañana”. Por lo pronto, y mientras las palabras de Shinn se vuelven realidad, los corsarios del Adén seguirán ridiculizando a las potencias mundiales en las cálidas aguas del Cuerno de África, como los 'defensores' de un país olvidado y dejado a su suerte por el resto del mundo.Etiquetas: Aden, Obama, Phillips, Piratas, Somalia |
posted by RicAngel @ 13:54   |
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| Irán, Obama y la Revolución |
| viernes, abril 03, 2009 |
Panamá, 01.abril.2009
En la historia, aseguran los eruditos, ha habido tres grandes revoluciones. La primera, dicen, fue la Revolución Francesa, que acabó con la monarquía y trajo los principios de igualdad, libertad y fraternidad. Es cierto, la cabeza del Rey rodó, el terror reinó y Francia le hizo la guerra a todo el que se le puso por delante, pero la Francia de hoy, y el llamado 'mundo occidental', son un producto de la revolución de 1789. En octubre de 1917 ocurrió la segunda de las grandes revoluciones. En Rusia, el partido bolchevique, liderado por un tal Vladimir Lenin, depuso al Gobierno Provisional de Petrogrado (la actual San Petersburgo) –que a su vez había depuesto al último zar, Nicolás II, en febrero de ese mismo año—y engendró lo que se convertiría en la Unión Soviética. Luego vendría Trotsky, Stalin, la II Guerra Mundial, los gulags y las purgas, pero la Revolución de Octubre cambió definitivamente la historia e inspiró cambios radicales –de Mao a Pol Pot, pasando por Fidel Castro-- a lo largo y ancho del mundo. La tercera de las grandes revoluciones de la humanidad llegó a su clímax el primer día de febrero de 1979, cuando de la cabina de un avión de Air France se dejó ver la figura anciana de un clérigo islámico que regresaba tras 15 años de exilio. Mientras bajaba del avión, vestido de negro, y ayudado por un tripulante francés, miles de admiradores corearon su nombre: Ruhollah Musavi Jomeini. Ese día, Teherán se convirtió en el centro del universo. Se estima que unos cinco millones de iraníes –una de las multitudes más grandes de la historia-- colmaron las calles de la ciudad para ver al ayatolá Jomeini: el Sha, Mohamed Reza Pahlevi, era ya historia. Para el primer día de abril, un día como hoy hace 30 años, el país persa era oficialmente una república islámica. Irán –y ahora sabemos que el mundo entero—jamás volvería a ser igual. La revolución iraní fue única por varias razones, principalmente porque careció de los elementos que suelen causar una revolución: derrotas bélicas, crisis financieras, rebeliones campesinas o ejércitos amotinados. Pero también lo fue porque produjo cambios profundos a una velocidad vertiginosa, fue extremadamente popular y reemplazó una antigua monarquía con una teocracia basada en el velayat-e faqih, o gobierno del más sabio (el líder supremo, cargo que desde la muerte de Jomeini en 1989 ostenta el ayatola Ali Jamenei). Su resultado, la primera república islámica de la historia, convirtió el fundamentalismo islámico en una fuerza política, de Marruecos a Malasia, y continúa, 30 años después, confundiendo y asustando a un mundo occidental cuyo entendimiento colectivo parece no terminar de procesar los eventos de la revolución iraní. Quizás gran parte de la obstinación occidental –liderado, por supuesto, por Estados Unidos—hacia Irán provenga de la pésima manera como la inteligencia y el Gobierno estadounidense actuaron antes, durante y después de la revolución. La gran historia no contada es que, si ciertas personas hubieran tomado ciertas decisiones, la relación de Irán con EEUU y con el mundo 'occidental' no sería el desastre que es en la actualidad y, por supuesto, el régimen de los ayatolás no constituiría, a los ojos occidentales, la gran amenaza que creen que es. Mirando en retrospectiva, Irán se encontraba en una profunda crisis mucho antes de la revolución: el Sha –que gobernaba el país desde 1941, a la edad de 21 años—era un hombre corrupto e indeciso, que soñaba con reconstruir el Imperio Persa y era cada vez más dependiente de la ayuda estadounidense, especialmente después de participar en el golpe de estado que derrocó a Mohamed Mossadegh en 1953. Para finales de los 70s, las calles de Teherán se estaban convirtiendo en un hervidero de frustración y miseria que tardaría poco en explotar. A pesar de todo esto, la revolución islámica se convirtió en un ejemplo textual de Estados Unidos mirando al Medio Oriente y viendo solo lo que quiere ver: el entonces presidente Jimmy Carter dijo, en su visita de Año Nuevo de 1977 a Teherán, que Irán era “una isla de estabilidad en una de las áreas más inestables del mundo”. Pero lo más extraordinario no es que Irán haya experimentado la que sin duda ha sido la última gran revolución ideológica de la historia, sino el hecho de que los patrocinadores estadounidenses del Sha, que habían instalado en suelo iraní uno de los más grandes proyecto de la CIA, no se dieron cuenta de lo que estaba pasando hasta que pasó. Mientras un diplomático francés predijo la caída del Sha en 1976, y los israelíes empezaron a evacuar a sus ciudadanos en abril del 78, la embajada americana –en donde solo unos pocos oficiales hablaban persa y la mayoría del personal eran cristianos armenios y no musulmanes chíies, mayoría en Irán—insistía en que nada sucedía. En agosto, cuando las calles de Teherán hervían en protestas, el entonces director de la CIA, Stansfield Turner, le aseguró personalmente a Carter que el Sha era “más que capaz” de manejar la situación. Incluso en septiembre –con el país en un punto de no retorno—la inteligencia americana reportó que “esperamos que el Sha permanezca en el poder por los próximos diez años”. Un hombre, sin embargo, no estaba de acuerdo. Era el embajador estadounidense en Irán, William Sullivan, que en noviembre de 1978 aconsejó a Carter establecer contactos con Jomeini, aún exiliado en París, dada la inminente caída del Sha. Y no fue el único. A finales de diciembre, el especialista en Irán del departamento de Estado aconsejó “estrechar nuestros lazos con los exiliados en París”. De manera increíble, este documento nunca llegó a los ojos de Carter. El responsable: Zbigniew Brzezinski, arduo defensor del Sha, que llegó al punto de excluir al experto de las reuniones al respecto. Un último intento fue hecho en los primeros días de 1979 para que el entonces embajador en Afganistán, Scott Elliott, volara a París a entrevistarse con Jomeini, pero Brzezinski volvió a imponerse, y Carter vetó el plan. Sullivan, furioso, se rebeló abiertamente contra Washington, y envió un profético telegrama que merece, para el historiador Dominic Sandbrook, ser escrito en futura tumba de Carter: “El presidente ha cometido un gran y quizás irremediable error al no mandar emisario a París a ver a Jomeini...No puedo entender la razón...El no actuar inmediatamente puede frustrar de manera permanente los intereses estadounidenses en Irán”. En noviembre de ese año tuvo lugar la famosa crisis de los rehenes, y la relación entre Irán y EEUU se fue al traste. Ocho años de guerra con Irak –en la que EEUU apoyó al entonces “hombre fuerte”, y más tarde “dictador”, iraquí Saddam Hussein-- y repetidas sanciones, aislamiento y violenta retórica de ambos lados terminaron de hundir lo que, de haber tomado Carter otras decisiones, pudo haber sido una relación distinta. Hoy, la oportunidad de un acercamiento con Teherán parece más cerca que nunca, y está en manos de Obama y de Jamenei (que, a pesar de las bravuconadas habituales de Ahmadinejad, es quien realmente manda en Irán) el terminar con tres décadas de una enemistad que ha lastimado a ambos. De ambos líderes dependerá que las palabras de Sullivan dejen de ser profecía y que la inteligencia estadounidense no vuelva a patinar, como lo hizo en Vietnam y, más recientemente, en Irak. Para eso, se necesitará un poco más que mensajes felicitando el Año Nuevo persa e invitaciones a “abrir el puño”: los más de un millón de muertos y heridos de la guerra con Irak y la humillación y el aislamiento intencionado no se van a olvidar de esta manera. Por el contrario, EEUU también deberá “abrir” un poquito su puño y reconocer su responsabilidad en estas acciones. Deberá enfrentar el tema nuclear iraní sin inclinaciones hacia nadie, concretamente Israel. No hay pruebas de Irán esté enriqueciendo uranio a nivel armamentístico, el país persa no ha atacado a nadie en siglos, y se antoja absurdo creer que de fabricar una bomba atómica la lanzaría inmediatamente sobre un país que cuenta con, al menos, 200 armas similares. En última instancia, la decisión salomónica de forzar el desarme declarando el Medio Oriente como zona libre de armas nucleares (como lo son Latinoamérica y Asia Central) acabaría con el problema. Pero hay más. Irán también juega un papel clave tanto en Afganistán como en Irak (que junto a sí mismo constituye el único país musulmán de mayoría chií), y todos los caminos que llevan al éxito norteamericano en cualquiera de las dos guerras pasa forzosamente por Teherán. Por otro lado, el gobierno conservador y populista de Ahmadinejad se alimenta de la hostilidad americana y de sus acciones en la región, pero hasta en este sentido los astros conspiran a favor de Obama: el sector reformista en Irán parece más unido que nunca (el ex presidente Jatamí retiró recientemente su candidatura al presentarse como candidato reformista el ex primer ministro Mir-Hossein Mussavi ) y tiene altas posibilidades de ganar las elecciones del 12 de junio próximo. Por lo pronto, y con la invitación de EEUU a Teherán a participar de la conferencia sobre Afganistán que se celebró ayer en La Haya, parece adivinarse que la administración Obama le empieza a dar a Irán el lugar que Carter y sus sucesores le negaron y, al hacerlo, bajaron una innecesaria cortina de misterio y desconfianza sobre el resultado de una de las grandes revoluciones de la humanidad. Etiquetas: Afganistán, Ahmadinejad, Brzezinski, Carter, Irak, Irán, Israel, Jamenei, Jomeini, Obama, Sullivan, Teherán |
posted by RicAngel @ 14:51   |
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