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Alemania y su tragedia griega
domingo, marzo 21, 2010

Amsterdam, 21.marzo.2010

El momento de la verdad está cada vez más cerca en Europa. Las tensiones en torno a qué hacer con la economía griega siguen creciendo, especialmente en Alemania, el verdadero núcleo de la Unión Europea. El jueves, la canciller Ángela Merkel dijo en un discurso en la Cámara Baja del Parlamento germano que la Eurozona debería poder “expulsar” a los miembros que “incumplieran reiteradamente” las condiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. El viernes, reaccionando a las palabras de la Merkel, el primer ministro griego Giorgos Papandreu dijo que su país tenía “cero posibilidades” de abandonar la eurozona, y deslizó sutilmente la posibilidad de acudir al FMI –léase EEUU y China– si un plan de ayudas para Grecia no es aprobado en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se celebra la próxima semana (25 y 26 de marzo) en Bruselas. El viejo dicho que afirma que una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil nunca fue tan cierto como ahora, y la primera gran crisis del euro puede, de hecho, también ser la última. La crisis griega tiene fecha de caducidad y su desenlace traerá consecuencias que marcarán profundamente el futuro de ese experimento llamado Unión Europea. En el corazón de esta novela se encuentra Alemania, la locomotora de Europa, que tendrá que tomar la que quizás sea la decisión más difícil de toda su historia post-1945.

Los problemas griegos

La crisis comenzó cuando el Partido Socialista Panhelénico (o PASOK) de Papandreu tomó posesión en octubre pasado. Entonces descubrieron que el gobierno griego había 'maquillado' –con la ayuda de Goldman Sachs– los libros para entrar a la Eurozona en 2001. Pero el escándalo explotó cuando se hizo público que el déficit presupuestario griego fue del 12.7% en 2009 –más de cuatro veces el nivel permitido en los Tratados Europeos—y que su deuda pública para el 2010 será del 125% del PIB, cuando el máximo permitido es 60%.

A partir de ese momento, Grecia se convirtió en el escenario de un experimento. Por primera vez, un Estado que había renunciado voluntariamente a su soberanía monetaria se encontraba en una situación tan desesperada. Por ende, los focos se movieron al oeste, a Bruselas, donde los ministros Europeos han tratado de hacer malabares mediáticos. Por un lado, nadie quiere salvar a Grecia. Mintieron para entrar al 'club', y la situación en los países ricos de la Unión no está para tirar cohetes. Por ende, la decisión de dar dinero de contribuyentes alemanes u holandeses a los griegos acarrearía un grave costo político, traducido en votos, para el líder que se decida a tomarla.

Por otro lado, la esencia del proyecto europeo está en juego. Ignorar a Grecia, propiciando su salida de la zona Euro –y la entrada en escena de EEUU, China y, sobre todo, una resurgente Rusia—sería un golpe del que el Euro –y quizás la UE misma—no se podrían recuperar. Asumiendo esto, lo más seguro es que 'a la hora de la hora' la UE –léase Alemania—salga al rescate de los griegos. De hecho, esa presunta seguridad es una de las pocas cosas que están evitando que la situación sea un caos en estos momentos. Si la red de seguridad desaparece, Grecia será sólo la primera pieza en caer de un dominó que puede incluir, entre otros, a Portugal, Italia y España.

Los oficiales europeos han pasado las últimas semanas dando declaraciones vagas acerca de un posible rescate griego. A la vez, están exigiendo que Grecia misma empiece por ajustarse los pantalones, llegando incluso a proponerle que “venda un par de islas”. El país heleno, por su parte, ha implantado una serie de medidas de austeridad económica con el objetivo de bajar el déficit presupuestario del 12.7% al 8.7%. Estas medidas están alimentando la ira y el descontento en el país, donde en las últimas semanas se han registrado decenas de protestas y enfrentamientos. La situación está lejos de mejorar, y para la próxima semana uno de los sindicatos más grandes del país ya ha convocado a una nueva huelga. Con el país en llamas, Papandreu y su gobierno se desesperan. Bruselas y Berlín no parecen dispuestas a tirarle un salvavidas, y Rusia y el FMI están deseando entrar en escena. Por ello, la cumbre de esta semana será crucial.

Alemania y su Rubicón

Dicho esto, cometeríamos un grave error si pensáramos que lo crucial de la cumbre se circunscribe exclusivamente a Grecia. Consideraciones altruistas a un lado, esta crisis poco tiene que ver con el bienestar del pueblo griego. Lo que realmente está en juego es el futuro de Europa y la posición de Alemania en el continente.

Alemania es la economía más grande de Europa y el principal arquitecto del Banco Central Europeo. Por más de 60 años, su sólida economía ha sido algo así como la alcancía de Europa, financiando su propia unificación y la transformación de países como Portugal, España, Italia o la misma Grecia, de dictaduras retrógradas a naciones del primer mundo. Es por ello que la opción de dejar a Grecia colapsar es muy atractiva desde el punto de vista alemán. Por un lado, ver el fracaso económico de estos países haría sentir bien a unos alemanes que nunca fueron muy fanáticos de arrastrar al resto de Europa a costa de su propia economía. Por otro, Grecia –que representa solo el 2.6% del PIB de la UE—podría ser una lección para los demás, que se verían forzados a poner sus propias barbas en remojo.

Si bien todas estas cosas son ciertas –y las últimas declaraciones provenientes de Berlín parecen apuntar a que están en la mente de los Merkel y compañía–, hay muchos otros factores que sugieren que, para Alemania, abandonar a Grecia sería un grave error. Debido a circunstancias históricas y geopolíticas, Alemania hoy se encuentra muy lejos de países como EEUU o China –e incluso, mirando hacia el futuro, de Brasil o Rusia– en cuanto a relevancia mundial. En la actual configuración global, Alemania sólo importa si Europa importa como un todo. La Unión Europea es Alemania, y Berlín está aún asimilando el hecho de que, para efectos de preponderancia mundial, Alemania también es la Unión Europea. Ninguno de los dos es nada sin el otro.

Y aquí es donde entra la tragedia griega. Alemania se encuentra ante su propio Rubicón. Si decide ignorar a Grecia, el golpe asestado al euro y a la Unión Europea harán saltar por los aires la posición y el prestigio global de la UE y por ende de Alemania misma. Si decide ayudarla, podrá preservar la única forma de liderazgo internacional que le queda, aparte de aprovechar la oportunidad para hablar de “unidad”, “solidaridad” y todas esas cosas tan importantes para los europeos. Desde ese punto de vista, parece lógico –y los mercados parecen estar haciendo el mismo análisis—pensar que a la hora de la verdad, Alemania rescatará a los griegos. Pero hay un detalle fundamental que no puede ser obviado. Berlín no puede darse el lujo de rescatar a Grecia –ni a nadie—de gratis. El hacerlo sentaría un precedente dañino que eventualmente llevaría a los Estados de la eurozona a pensar que sus irresponsabilidades serán reparadas por el gigante alemán. Una potencial crisis a nivel europeo, que requeriría la intervención de EEUU o China, acarrearía una humillación que Alemania no se puede permitir.

Si Berlín va a actuar, entonces, lo hará exigiendo un control férreo sobre las políticas fiscales de los 'rescatados'. Esto significaría asumir abiertamente el liderazgo de Europa. Alemania conseguiría con la cartera lo que no pudo conseguir con las armas. Y a día de hoy, el precio aún es bajo. Grecia necesita 53 mil millones de euros, un costo perfectamente asumible para los alemanes, cuya economía es diez veces más grande que la griega. Si Alemania jugara esta carta, tendría que actuar rápido, resolviendo la situación griega antes de que la incertidumbre empiece a tumbar los dominós (Portugal, España, Italia, Bélgica o Francia) y el costo sea imposible de asumir.

He ahí el dilema alemán. Ignorar a Grecia es dispararse en el pie. No sólo se sentencia a la Unión Europea, sino que se reviven los fantasmas que ésta vino a enterrar. No podemos olvidar que la integración económica es, ante todo, la mejor solución para evitar otra gran guerra en Europa. Por otro lado, rescatar a Grecia significa asumir las riendas del continente. La pregunta es si los alemanes están listos para eso. Las heridas y traumas del siglo XX siguen allí, como demostró la crisis que se generó cuando un General alemán ordenó un ataque que terminó matando a cientos de civiles en Afganistán en septiembre pasado. Sin embargo, con el proceso de reunificación oficialmente terminado en 2003, Ángela Merkel es, desde 2005, la primer líder post-guerra en gobernar una Alemania libre de la carga de sus pecados pasados. Una vez liberados de esa carga, ¿podrán asumir el rol que su poderío económico, geográfico, demográfico e histórico les otorga? Quizá en algún despacho de Berlín ya se pronunció el 'alea jacta est'. Las respuestas, sin duda, comenzarán a aparecer esta semana en Bruselas.

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Martinelli, Jerusalén y nuestra ineptitud diplomática
lunes, marzo 15, 2010
Amsterdam, 11.marzo.2010

Las declaraciones del Presidente en Israel han provocado una condena casi unánime, pero también han servido para sacar conclusiones acerca del rumbo que el Gobierno está dándole a la política exterior y de la capacidad de nuestros representantes para navegar las aguas del escenario internacional. En Panamá, pocos han sabido leer correctamente el episodio. Varios 'analistas' han opinado acerca del incidente, rechazando las declaraciones, entre otras cosas, porque “exponen al país al terrorismo”, distrayendo la atención y obviando el análisis autocrítico que este ejercicio de ineptitud diplomática reclama a gritos.


La política exterior es el arte de los países importantes. Es lo que distingue a los niños de los hombres en la arena global. En este contexto, Panamá había mantenido una política marcada por una tradición de neutralidad. Bailábamos con Taiwán sin ofender a China, y nuestros presidentes viajaban de La Habana a Washington sin problemas. Curiosamente, la dejadez y la corrupción que caracteriza el sector público no había alcanzado a permear nuestro estatus internacional.

Con el nuevo Gobierno, la situación cambió. Nada más tomar posesión, Martinelli se alió con Colombia y México. Ningún presidente de izquierda acudió a la inauguración del 1 de Julio. Después vino el apoyo a Micheletti y a la elección de Lobo en Honduras. Se estableció así la línea antichavista que ha acompañado a Martinelli desde entonces, incluyendo lo ocurrido en Jerusalén. Panamá ha vuelto a las faldas de EEUU, en oposición al bloque izquierdista latinoamericano, que apoyó a Zelaya y mantiene una amistosa relación con Irán, el némesis israelí. Luego vendría la metida de pata y el revuelo mediático. Pero el patrón es claro.

Las declaraciones del Presidente no son casualidad. El 26 de febrero Panamá fue uno de los siete países que votó en contra de una resolución de la ONU que presionaba a Israel a investigar las acusaciones del 'informe Goldstone'. El voto causó extrañeza, dada nuestra trayectoria en ese foro y porque se dio en plena crisis diplómatica por el supuesto asesinato por parte del Mossad –con pasaportes europeos de por medio—de un comandante de Hamas en Dubai. Pero las piezas encajaron al conocerse las conversaciones de nuestros diplomáticos con el 'lobby' judío en Washington –considerado el segundo más poderoso en EEUU—para que ayude con la ratificación del TPC.

Todas estas cosas eran conocidas por Martinelli y Varela al viajar a Israel: Panamá apostaba por la carta judía en Washington, y pasaba a jugar un delicado juego diplomático. Y a las primeras de cambio, la dejadez jugó una mala pasada. Que un presidente se retrate de esa manera enfrente del canciller del país es simplemente inaceptable. Pero lo que clama al cielo es que la experiencia en política exterior de nuestro canciller sea, para todos los efectos, nula. Mitchell Doens, secretario general del PRD, decía que las palabras del Presidente “quizás no pasaron por el filtro de Varela”. Pero, ¿qué es exactamente el 'filtro de Varela'? ¿El que reparte embajadas y consulados como regalos de Navidad? Conociendo a nuestra clase política, ¿alguien se imagina algún miembro de nuestra delegación informándole a Martinelli que ese tipo de cosas simplemente no se pueden decir?

La metida de pata de Martinelli, puesta en contexto, sirve para resaltar dos aspectos cruciales de nuestra política exterior. Primero, Panamá ha decidido alinearse con EEUU e Israel en política exterior. Para bien o para mal. Quizás el 'lobby' judío efectivamente sirva para ratificar el TPC, o quizás haya pasaportes panameños involucrados la próxima vez que un enemigo de Israel aparezca misteriosamente muerto. De todos modos, es una decisión que cada Gobierno tiene derecho a hacer, y con la que se puede estar de acuerdo o no.

Finalmente, Panamá no tiene el nivel diplomático necesario para jugar 'Grandes Ligas' internacionalmente. Salvo contadas excepciones, nuestra clase política no tiene la experiencia para ello. Quedó demostrado en Jerusalén, y también aquí con los 'analistas' que intentaron contextualizar el incidente. El episodio israelí, en definitiva, invita a nuestros dirigentes y nuestra sociedad a ver que tenemos dos opciones: cerrar la boca y mantenernos 'neutrales', o informarnos de lo que pasa en el mundo, para que algun día podamos aprender a jugar el ajedrez global. De lo contrario, episodios como éste se van a seguir repitiendo, con consecuencias que algun día pueden representar mucho más que otro presidente panameño haciendo un ridículo internacional.
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Panamá, el REDD y el fracaso de la COP15
Copenhague, 19.diciembre.2009

Eran las 2 de la tarde. En el salón de conferencias de prensa del Bella Center, un nutrido grupo de periodistas esperaba la aparición de Evo Morales, el presidente de Bolivia. Se esperaba que el mandatario diera sus impresiones de lo que había sido esta COP15, pero lo que sucedió a continuación no estaba previsto en ningún guión. Después de un retraso que hizo temer a muchos que esta fuera una de las tantas conferencias de prensa canceladas, los periodistas vieron como por la puerta entraba no solo Morales, sino también Hugo Chávez, el canciller nicaragüense Samuel Santos, la ministra ecuatoriana del Patrimonio Natural María Fernanda Espinosa, el vicepresidente cubano Esteban Lazo y el canciller cubano Bruno Rodríguez. En otras palabras, el ALBA al ataque.


Los Chávez, Morales y compañía confirmaron con sus palabras el ambiente que se venía sintiendo desde temprano y hasta el momento de escribir estas palabras: “No sabemos de ninguna declaración o acuerdo aquí. Los documentos que se venían negociando quedaron enterrados en la nieve de Copenhague. Esta cumbre ha sido un fracaso en forma y fondo”. Estas palabras, pronunciadas por el presidente venezolano, retumbaron en el subconsciente general. Lo que seguiría a lo largo de la tarde no haría más que darle la razón a Chávez. La conferencia de prensa española, programada para las 4:30, fue cancelada. Se oía en los pasillos que con los paupérrimos resultados de esta COP, España –que sucederá a Suecia en la presidencia de la UE—no tenia una posición concreta con respecto al futuro. Media hora más tarde, la conferencia de prensa de Indonesia también fue cancelada. Al rato, empezó a correr el rumor de que los europeos planeaban aumentar sus cortes unilateralmente del 20 al 30%, pero que Alemania y Polonia se oponían. Para las cinco de la tarde, el corresponsal de la BBC Richard Black ya decía que la conferencia había entrado en la fase de “salvar la cara”: en estos momentos se trabaja frenéticamente para lograr un acuerdo que permita a los líderes salir del Bella Center con un mínimo de dignidad. El planeta y sus problemas deberán esperar una mejor ocasión.

PANAMA EN LA COP

En la delegación panameña, sin embargo, las cosas lucen distintas. Acuartelados en los salones de computadoras publicas que se encuentran en el área de las salas de reuniones (Panamá no tiene oficina), los representantes panameños en la COP15 lucen exhaustos. Es lo que suele pasar cuando duermes en Suecia y trabajas en Copenhague. “Cuando fuimos a reservar no había nada en la ciudad. La mitad nos estamos quedando en Dinamarca –lejos de Copenhague—y la otra mitad en Suecia”, explica Cléber David González, jefe de Relaciones Publicas de la ANAM. Para la COP15, Panamá decidió enviar a su equipo en varias fases: el 5 de diciembre aterrizo en la capital danesa un equipo técnico compuesto por los ingenieros Félix Magallon, Rene López (ANAM) y Oscar Vallarino (ACP) y los directores de Cambio Climático y Planificación de ANAM, Leslie Marin y José Luis Pinilla, respectivamente. Una semana después llegaron Luz Lescure, de Chancillería, Tomas Guardia, director de Organizaciones Internacionales y Gilberto Arias, embajador de Panamá en Reino Unido. Finalmente, el día 13 aterrizaron el vicecanciller Melitón Arrocha, el administrador general de ANAM Javier Arias, el subadministrador de la AMP Jorge Barakat y el mismo González.

El momento cumbre, sin duda, llego la madrugada del viernes cuando Javier Arias se enfrento a la plenaria de la congregación más numerosa de líderes mundiales de la historia. Por ese estrado habían pasado y pasarían desde Chávez y Mugabe hasta Medvedev y Obama. “Estaba increíblemente nervioso”, confiesa Arias a La Estrella, ya mas calmado. “Acababa de hablar un príncipe. Era una sensación indescriptible”. Arias sabía que en Panamá mucha gente lo estaba viendo. “Era muy importante dar un mensaje a los panameños de que estamos haciendo las cosas bien. Millones de personas están pendientes en todo el mundo de lo que pasa en este foro”.

A Arias se le nota exhausto. Después de dirigirse al mundo, salio del Bella Center a las 6:30 AM, viajo a Suecia a dormir un rato y al medio día ya estaba de nuevo en la COP15. Panamá, como país subdesarrollado y poseedor de vastos bosques naturales, ha jugado un papel importante en las negociaciones de REDD y del acuerdo global. Sin embargo, Arias se queja de que el cambio climático “no ha llegado a home” en Panamá. “En Panamá no valoramos el ambiente e, irónicamente, dependemos de el”, dice. Es por esto que el trabajo de la delegación panameña, particularmente de los miembros de ANAM, se ha concentrado muchísimo en lograr que el cambio climático abarque todos los sectores del Gobierno (como en Dinamarca, por ejemplo). “Por primera vez”, dice Arias, “un gobierno aborda el tema ambiental con varias instituciones. Aquí hay miembros de Cancillería, de la AMP y de la ACP. El único que no pudo venir fue el MICI”. Cuenta Arias que cuando el vicecanciller Arrocha vio el tamaño y trascendencia de esta COP “dijo que definitivamente esto era un tema de Estado”.

De fronteras para afuera, Arias considera que Panamá lo ha hecho bien en Copenhague. “Hemos sido el primer país en incluir el tema de los derechos indígenas en las negociaciones REDD. De hecho, el draft que se adopto en Barcelona en noviembre fue el que propusimos nosotros”. Y en una de las aristas más espinosas de las negociaciones REDD, la confianza de los países donantes, Panamá también ha salido reforzada. “Estamos avanzadísimos en los procesos de creación de confianza. Hemos negociado con la NASA, entre otros, para monitorear nuestros bosques. Vamos a desplegar un sistema de monitoreo a la altura del brasileño. En ese sentido hemos salido muy reforzados de esta Cumbre”. Con altos niveles de transparencia, Panamá aspira a atraer el dinero que los países ricos comprometan aquí. Pero hay un problema: muchos países no donan sin recibir un grado de decisión en las políticas forestales del país receptor. En este sentido hay muchas divisiones en el tema REDD. Brasil, por ejemplo, se opone completamente a que otros países se inmiscuyan en sus asuntos. Panamá, dice Arias, es distinto. “Por supuesto que aspiramos a las donaciones sin trabas ni intereses, pero tampoco tenemos una posición tan fuerte en ese sentido”.

A pesar del cansancio, a Arias se le nota muy contento. Si tuviera que resumir una palabra la actuación panamena en la cumbre, afirma, seria “éxito”. Pero, realmente lo esta haciendo tan bien Panamá? De verdad estamos a la vanguardia de la defensa de los indígenas? Será verdad que, como dice Cléber González, Panamá “lidera las negociaciones de REDD”? Para encontrar esta verdad, hubo que hilar un poquito mas fino. Una fuente ligada a las negociaciones dijo a La Estrella, bajo condición de anonimato, que Panamá, a pesar de haberlo hecho bien, no había tenido una voz más importante que ninguna otra nación latinoamericana. “Brasil, Colombia, Bolivia y Costa Rica han tenido mucho mas que decir”, dijo. Sobre los indígenas, “creo recordar que fue Bolivia hace un ano en Poznan (Polonia) la que por primera vez introdujo el tema. Eso si, apoyada por Panamá”. En general, apunto, “si las negociaciones fueran un salón de clases, Panamá seria un buen estudiante, pero aun no llegaría al cuadro de honor”.

SE HUNDE EL REDD. Y LA CUMBRE


A pesar de la satisfacción panameña, las negociaciones REDD, una de las más importantes de las que participaba Panamá, también se hundieron. Thelma Krug, miembro de la delegación brasileña, dijo no estar sorprendida. “Brasil no tenia muchas expectativas en este sentido. Hace 5 anos sabíamos que las cosas iban a ser muy difíciles. No existe confianza entre donantes y receptores”, me dice con una cansada sonrisa. Krug, que no cree que Brasil este preparado “ni ahora ni en dos anos” para el REDD, tiene las cosas sorprendentemente claras: “cuando se introduce el mercado se complica todo. Los donantes no dan ese dinero por razones morales, sino que lo ven como una inversión. El tema de los offsets complica demasiado las cosas y es equivocado”. 

Pero entre los mismos países receptores hay también divisiones. Fitrian Ardiansyah, directivo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Indonesia, resaltaba la importancia de un tema muy espinoso: la divergencia entre enfoque nacional y sub-nacional. “Colombia es la única defensora del enfoque sub-nacional mientras que Brasil, Indonesia y Papua Nueva Guinea apoyan el enfoque nacional”, dijo. Los motivos, para Krug, son claros: “Colombia quiere enfocarlo así porque no controlan todo su territorio”. Y la cosa no termina ahí. Existen mil detalles que aun no han podido ser resueltos y que, probablemente, no verán solución en Dinamarca.

Esta, al fin y al cabo, es la situación de todas las negociaciones. La COP15 cierra, a falta de lo que pase en las próximas horas, como una gran decepción. El último draft de acuerdo recibido por La Estrella es revelador. No hay un compromiso claro de limitar el aumento de temperaturas ni siquiera en 2 C (con mas de 1.5 C los estados pequeños estados insulares como Vanuatu o Maldivas desaparecerán). Tampoco aparece por ningún lugar una fecha tope para llegar a un acuerdo legalmente vinculante, ni un mecanismo de verificación para países desarrollados. La parte que quizás sea la más importante, las cifras de reducción de emisiones, se pelea aun en las salas de negociación del Bella Center. El jueves por la noche, un miembro de una ONG de las Islas Cook decía desesperadamente: nuestra tierra desaparece, los jóvenes ya se están yendo a Nueva Zelanda. Escuchándolo, y a todos los representantes de los países insulares, uno tiende a sonreír para disimular la vergüenza que se siente saber que, realmente, a nadie le importa con ellos. Se acaba la esperada cumbre danesa. En mi mente, unas palabras de Evo Morales todavía siguen dando vueltas: “La Tierra es nuestra madre, y el sistema capitalista la convierte en mercancía”. Tendra razon?
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Más allá de la Cumbre

Copenhague, 18.diciembre.2009

Hace aproximadamente un año, la Asociación Internacional de Publicidad (IAA) creó una campaña para ayudar a la ONU a “crear el momentum” necesario para un acuerdo “fuerte” aquí en Copenhague. La campaña, simple y genial, se llama “Hopenhagen”, una combinación de la palabra esperanza (hope) y el nombre de la capital danesa. Las buenas intenciones de las compañías publicitarias, sin embargo, se han dado de bruces con la realidad, haciendo que —al menos hasta ahora— oír o leer la palabra “Hopenhagen” por estos lares encierre una siniestra dosis de cinismo. Algo parecido, digamos, a lo que provoca leer “Arbei macht frei” (El trabajo os hará libres) a las puertas de Auschwitz.


Pero mientras en “Hopenhagen”, la policía apalea y arresta activistas, el Bella Center expulsa a las ONGs y los delegados y los líderes mundiales no logran ponerse de acuerdo, en Copenhague no todo es desesperanza. Existe un mundo, un universo, de gente que —al margen de la COP15— trabaja sin parar para mostrar que otro mundo es posible. Que no hace falta invertir millones en logística, tecnología y seguridad para llegar a un acuerdo satisfactorio. “El otro Copenhague” ha demostrado, día a día, que los altos vuelos del Bella Center son solo eso, altos vuelos. Y mientras más alto se vuela, más dura será la caída.

A un costado de la estación de trenes se encuentra el Klimaforum, el COP15 alternativo (http://www.klimaforum09.org/). Sentada en la pequeña sala de prensa, Kristine Holten-Andersen, la portavoz del foro, atiende a La Estrella. “Este es el foro de la gente. Un espacio abierto para que las ONGs y el común de la gente entren al debate”, apunta. El Klimaforum tiene mucho de qué enorgullecerse. Lo que inició como un esfuerzo ilusionante —100 ONGs y 8,500 personas de 92 países confirmaron su presencia inicialmente— terminó siendo un éxito rotundo: más de 40,000 personas han pasado por el foro en 11 días (una media de entre 5,000 y 7,000 personas diarias) y más de 300 organizaciones se han hecho presentes de distintas maneras. Unos 30 periodistas cubren a tiempo completo el foro y los medios más importantes del mundo le han dedicado espacios en su cobertura.

Pero, ¿qué significa exactamente este foro? “Queríamos crear una voz opositora en nuestro propio espacio. La democracia está siendo apartada del Bella Center. Un acuerdo parece más lejano que nunca. Queríamos que hubiera una clara distinción entre nuestros objetivos y los suyos y no estar ahí dentro legitimando su manera de hacer las cosas”, explica Kristine.

Para las ONGs danesas, la creación de este foro fue un gran debate. “Las organizaciones más grandes no querían participar porque tenían su espacio dentro del Bella Center. Ahora, sin embargo, nos dicen que se arrepienten. Es una lástima, porque su presencia nos habría hecho aún más fuertes”. El trato que la COP15 ha dado a las ONGs ha sido, para muchos, vergonzoso. Varias organizaciones han sido expulsadas del Bella Center y el número de ONGs permitidas, especialmente estos últimos días, es cada vez menor. Hoy viernes, solo 90 miembros de ONGs podrán entrar al centro de convenciones.

Mientras, en el Klimaforum la esperanza viene en grandes dosis. El foro quiere llevar el debate mucho más allá. “Muchas cosas no se están discutiendo en la COP15, sólo el mercado de carbono. Nosotros queremos confrontar el sistema completo. Queremos cambiar los valores de nuestra sociedad”. Los esfuerzos de estos soñadores climáticos, que hacen todo de manera voluntaria, no han caído en saco roto. “Chávez no está apoyando. La Cancillería boliviana también, así como algunos diputados daneses. El presidente de Maldivas estuvo aquí. Nos hemos reunido con el presidente del G77 (el sudanés Lumumba Di-Aping) y la coalición de estados insulares”, dijo sonriente Kristine.

Y no es para menos. Los organizadores del Klimaforum esperaban unas 10,000 personas en total, en su mayoría europeos. “Estamos impresionados. Esto es verdaderamente inspirador”, reconoció Kristine, orgullosa de unos logros que deberían hacer sonrojar a los líderes y delegados del Bella Center. En menos de tres días, más de 300 organizaciones –que incluían desde granjeros y laboristas hasta indígenas, médicos y académicos— firmaron la declaración, adoptada por unanimidad luego de una consulta popular en la que hasta la gente que pasaba por la calle podía opinar. Vandana Shiva, reconocida ambientalista india, dijo al firmarla que esta era “la declaración que debería ser firmada en la COP15”.

El foro ha sido tan exitoso que ya están planeando el Klimaforum10, que tendrá lugar dentro de un año en México, D.F. a la par de la COP16. Las ONGs que fueron expulsadas del Bella Center ya han confirmado su presencia.

INDYMEDIA: REVOLUCIONANDO EL PERIODISMO

Pero el Copenhague alternativo es mucho más que el Klimaforum. Una vasta red de medios alternativos se encarga de cubrir todos lo que sucede en la ciudad. El Centro Independiente de Medios (IMC) —o “Indymedia” (www.indymedia.org), como se conoce a nivel mundial—, es el más importante de todos, con 200 periodistas (venidos de todas partes del mundo) y 40 equipos de video repartidos por todo Copenhague.

Indymedia tiene su centro de prensa en la Solidarity House, donde comparte instalaciones con la Climate Justice Action, la organización paraguas que coordina todas las protestas y demostraciones en la ciudad. “Normalmente no solemos montar centros de prensa, pero el IMC local no estaba preparado para cubrir esto. Teníamos que darle apoyo”, cuenta Sky, un inglés cuarentón de cabello blanco y hablar apasionado. Después de 10 años en Indymedia y medio mundo recorrido, este será el último gran evento que cubrirá.

La historia de Indymedia es fascinante. Creada hace exactamente 10 años por dos estadounidenses insatisfechos con el cubrimiento de las protestas en Seattle por los medios tradicionales, la organización ha crecido exponencialmente hasta tener delegaciones en lugares tan inusuales como Palestina o algunos países africanos. “Mientras el periodismo corporativo se va a pique, nosotros no paramos de crecer”, asegura Sky. Sus miembros son todos voluntarios y la organización es absolutamente descentralizada. “No tenemos editores ni jefes. De hecho, Indymedia ni siquiera existe”, me cuenta, “si existiera legalmente, los gobiernos nos habrían censurado”.

Ser periodista de Indymedia no es ningún juego. Sky tiene una orden de arresto en Tel Aviv y en las protestas de Génova en 2001 casi pierde la vida luego de ser apaleado por la policía. Varios de sus amigos han sido heridos e inclusive asesinados cubriendo eventos. “La gente piensa que es sencillo: sales, tomas fotos y te vas a tu casa, pero no es así”. El miércoles por la noche, Sky fue arrestado temporalmente en una estación de metro. “Nos tienen vigilados. Fueron directamente por mí. Me revisaron la computadora, y se llevaron varios archivos. Somos peligrosos para el establishment”, me dice soltando una carcajada.

En Copenhague, Indymedia está, también, haciendo la diferencia. Solamente el miércoles su página danesa tuvo cinco millones de visitas. El IMC tiene conexiones con más de 5,000 medios alternativos alrededor del mundo. “En 24 horas, más de 40,000 websites publican nuestras historias. Montamos nuestro centro de prensa con 1,500 dólares. Los grandes medios han gastado millones, y aún así no informan bien a la gente”, me dice orgulloso, Sky. La diferencia, para él, es clara: “cuando se tiene la pasión y el compromiso político, se pueden cambiar muchas cosas”. Oyéndolo, es inevitable preguntarse si no será precisamente eso, pasión, lo que hace falta en el Bella Center.

Para los cientos de personas que trabajan en el “otro Copenhague”, no hacen falta eslóganes. Ellos son los que hacen que “Hopenhagen” sea una realidad, a pesar de que la COP15 se empeñe en hacernos pensar lo contrario.
posted by RicAngel @ 21:02   0 comments
La batalla de Copenhague

Copenhague, 17.diciembre.2009

“¿Estás listo, Rick?”, me pregunto Sky, un veterano periodista ingles de Indymedia que se hospeda conmigo. Para los activistas, el gran día había llegado. Durante la gélida mañana, miles de personas intentarían entrar a los terrenos del Bella Center y celebrar allí una Asamblea Popular. Los rumores decían que varios delegados, intentarían salir de la conferencia y participar de la Asamblea. También se comentaba que el mismísimo Ban Ki Moon saldría a dialogar con los manifestantes. “Espero que hoy, por fin, Dinamarca pierda su fama de país pacifico”, me dijo Adam, activista danés. Para el y sus compañeros, que habían invertido incontables horas planeando la acción “Reclama el poder”, era hoy o nunca.


Las cosas no empezaron de la mejor manera. La noche anterior, la policía había confiscado muchas de los cientos de bicicletas que los activistas tenían guardadas en la “Candy Factory”, un centro cultural de Copenhague. Los uniformados confiscaron todas las “bicicletas de guerra” –dos bicicleta unidas por una plataforma” y las “bicicletas dobles” –una bicicleta encima de otra—que se suponía iban a formar una primera línea en la manifestación. Además, una fuerte nevada caía a eso de las nueve de la mañana, lo que unido a los mil arrestos del fin de semana --el gobierno danés paso una ley especialmente para el COP15 que permite a la policía arrestar a cualquier persona de manera “preventiva”--.podía hacer desistir a muchos de participar.

A eso de las 10, la manifestación –rodeada de policías por los cuatro costados--ya tomaba la última curva hacia el Bella Center. Empezaba a nevar de nuevo, y se oían rumores de que varios bloques de manifestantes que debían haberse unido antes habían sido arrestados. En medio de cánticos anticapitalistas, los organizadores --montados en un camión en el medio de la multitud-- anunciaban al aproximadamente millar de personas que en una hora esperaban estar a las puertas del gigante centro de convenciones. Sin bicicletas, y mermados por los arrestos, el ambiente no era esperanzador. “No hay manera de que entren. Lo que va a haber es violencia y gas pimienta, pero nada mas”, me dijo un corresponsal alemán mientras seguíamos –entre decenas de periodistas—la primera línea de la manifestación. Los manifestantes no pensaban lo mismo. Encabezando la marcha iban tres latinoamericanos: un mexicano, una boliviana y una colombiana. “Esperamos entrar al Bella Center. La delegación boliviana nos prometió que va a salir”, me dijo sonriente la mujer boliviana.

Cerca de las 11, la tensión empezaba a crecer. El helicóptero que sobrevolaba la manifestación ahora sonaba más fuerte que nunca. De uno de los camiones policiales se oyó una voz: “esta es la policía. No pueden seguir avanzando”. En efecto, nos acercábamos al final del área permitida para la marcha. De repente, unos veinte activistas empezaron a correr, intentando tomar por sorpresa a la policía, que reacciono con violencia. Para ese momento, ya estábamos debajo de la estación de Metro que colinda con el Bella Center. Como los castillos medievales, el mismo se encuentra rodeado de profundas fosas de agua. Desde el lado en el que la manifestación llego, solo había dos lugares por los que acceder: las dos entradas principales, que estaban completamente bloqueadas por cientos de uniformados y coches policiales. Puede ser que aquí fue donde los activistas perdieron la batalla: en la falta de organización. Kjartan, el encargado de la comunicación dentro de la protesta, admitía los fallos. “Cuando llegamos aquí no estaba claro por cual entrada íbamos a marchar. Intente corregirlo, pero la policía entro en la confusión y nos bloqueo. Se corto la comunicación y se desorganizo todo”. Sea cual fuere el fallo, lo que siguió fue un despliegue impresionante de brutalidad policial. Todo comenzó cuando un activista subió al techo de un carro policial, y un policía lo bajo a golpes. Entonces, la multitud rugió, y el caos comenzó. La policía pego y pego mientras empujaba la primera línea de manifestantes. Se oían gritos y gente llamando a los médicos que había entre los activistas. Los fotógrafos corrían frenéticamente de aquí para allá buscando las imágenes más impactantes. La adrenalina podía saborearse en el aire. Alberto Gómez, de México, estaba en primera línea cuando la policía cargo. “Me sorprende la actitud de la policía. Porque la violencia? Llegamos y empezaron a empujarnos, y después a echarnos gas pimienta”, dijo con aire triste.

En ese momento la manifestación se encontraba encerrada en una distancia de unos 300 metros por las dos líneas policiales que protegían sendos accesos al Bella Center. Cuando la violencia calmo de manera momentánea, un grupo de activistas aparecieron con cinco balsas inflables unidas, cruzaron el borde de la calle e intentaron cruzar la fosa, donde los esperaba la policía con perros que ladraban incesantemente. En cuestión de segundos, unos cinco activistas ya estaban encima de las balsas, pero debido a la falta de algo que hiciera las veces de remo no lograban tocar la orilla. Finalmente lograron darle dirección a la balsa, y luego de recibir varias rociadas de gas pimienta, cuatro de ellos lograron cruzar mientras la multitud celebraba y cantaba. Sobra decir lo que les paso: inmediatamente fueron neutralizados, golpeados y arrestados. Al parecer, esto hizo a los que venían detrás reconsiderar sus intenciones, y recogieron la balsa.

Mientras esto sucedía, la multitud decidió llevar a cabo la Asamblea Popular ahí, en medio de la calle. Varios rumores ya circulaban. Primero, que los delegados que intentaron salir para tomar parte de la Asamblea fueron interceptados por la policía y se les prohibió salir del Bella Center. Segundo, muchos decían que la renuncia de la presidenta del COP15, la ministra danesa del Medio Ambiente Connie Hedegaard, se debía a la presión de los activistas y al aparente fracaso de la cumbre. (La versión oficial, sin embargo, es que debido al número “sin precedentes” de jefes de Estado presentes en Copenhague, la presidencia iba a ser tomada por el primer ministro, Lars Løkke Rasmussen).

La Asamblea Popular no tuvo mucho de especial, y quizás menos de popular. No se sabe a cuantos de los presentes en la protesta realmente les importaba, pero pocos la escucharon. En todo caso, consistió simplemente en un grupo personas de varios países repitiendo las mismas demandas y consignas que hemos escuchado hasta la saciedad, y otro grupo que los vitoreaba cada 10 segundos. Y es precisamente esa falta de visión, esa ceguera mental que lleva a los dos lados a vivir en su propio universo lo que llama más la atención: dentro del Bella Center, en un COP15 lleno de glamour, egos y personas con aire de importancia, casi nadie sabía que había una multitud enfrentándose a la policía afuera. En la protesta, en medio del frío tenaz y con su rabioso anticapitalismo, nadie quiere aceptar que miles de personas trabajan sin descanso para llegar a un acuerdo. A nadie parece habérsele pasado por la cabeza que el planeta es de todos, y que encender una vela es mejor que maldecir en la oscuridad. O en la nieve, para ser más precisos. Finalizada la Asamblea, los activistas se retiraron a la ciudad, para “seguir planeando maneras de sabotear la cumbre”, me dijo Simon, uno de los organizadores.

La policía, que también considera que esta haciendo su trabajo, también tiene su versión. Un portavoz le dijo a La Estrella que había 256 personas arrestadas, la mayoría de manera preventiva. Los cuatro activistas que cruzaron el canal podrían enfrentar cargos por irrupción en propiedad privada, pero esto es improbable. “No queremos escalar la tensión, queremos que esto se desarrolle en paz”, aclaro el portavoz. Al llegar a casa, es muy probable que ese policía diga en su mente “un día menos”. Y quizás sean los únicos en Copenhague que quiere que esto se acabe cuanto antes. Para los activistas, siempre es mejor vivir en su burbuja de fantasías antisistema que enfrentar las realidades de la vida. Para los políticos –y esto lo sabemos de sobra en Panamá--, siempre es mejor sentarse en las sillas de los foros internacionales y escuchar a otros que, como ellos, quisieran no tener que regresar nunca a sus países a trabajar de verdad.
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Algo huele a podrido en Copenhague
Copenhague, 16.diciembre.2009 

William Shakespeare escribió una vez que “algo huele a podrido en Dinamarca”. A tres días del final de la COP15 aquí en Copenhague —y con absolutamente nada que ofrecer al mundo aún— se puede sentir el mismo olor, pero nadie sabe a ciencia cierta qué lo produce. Será, dicen algunos, que hablar de calentamiento global a cero grados y con nieve no tiene ni pies ni cabeza.


Los más pesimistas dicen que el mundo es así, que poner de acuerdo a contaminadores y contaminados, pobres y ricos, primer mundo y tercero es simplemente una utopía que jamás tuvo posibilidades de concretarse.

Sea lo que sea, en Copenhague se mastica la tragedia. Si la cumbre no había tenido suficiente con el incipiente estado de las negociaciones sobre emisiones, la bochornosa actuación de la policía danesa el fin de semana pasado (más de 1000 arrestados) y el desplante del G77 el lunes, ayer la cumbre danesa volvió a recibir un recto al mentón tras conocerse las primeras reacciones a un borrador de acuerdo con respecto al proyecto REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación).

Lo que se decía era la más avanzada de las múltiples negociaciones que se están llevando a cabo en el Bella Center ha sufrido un revés que muchos han calificado de “decepcionante” y de “un paso atrás”.

UNA MASACRE

De acuerdo con el comunicado de prensa de la Coalición Global de Bosques (Global Forest Coalition) “lo que se suponía sería la última etapa en la preparación de un acuerdo REDD terminó en una masacre”.

El gran problema son los llamados carbon offsets , es decir, la financiación por parte de los países ricos de proyectos de reforestación en países pobres, ya sea usando bosques degradados de biocombustible o simplemente comprando grandes cantidades de selva y “preservando” los árboles, por la cual los ricos reciben una ventaja, u offset , para sus propias emisiones.

Suena bien, pero la realidad es otra. Estos proyectos están desplazando a miles de personas —las personas que habitan en estos bosques, principalmente indígenas y campesinos— de sus hogares. Precisamente las personas que menos contaminan en el planeta. “Es una estrategia completamente equivocada”, opinó Henry Saraghi, coordinador general de la ONG “Vía Campesina”, que tiene sus cuarteles en el “Klimafórum”, uno de los muchos foros alternativos que hay por todo Copenhague. “Los gobiernos están usando esta crisis para hacer negocio”, agregó.

Esto ya está sucediendo en Brasil. Mark Schapiro, periodista estadounidense que estuvo de reportero para la televisión pública estadounidense (PBS) en las selvas del estado de Paraná —donde varias compañías estadounidenses, entre ellas General Motors, ya han comprado inmensas extensiones de selva para “preservarla”— conversó con La Estrella acerca de su experiencia.

“Lo que vi fue surrealista, moralmente perturbador: el sufrimiento causado por estas compañías a gentes que están a miles de kilómetros de sus oficinas. Las empresas no entienden lo que le están haciendo a estas personas y ellas tampoco entienden por qué ésto está sucediendo”.

Y lo más aterrador puede estar aún por venir. Para proteger estas nuevas propiedades, las compañías emplean una “policía verde” que se encarga de asegurar que nadie tale un árbol, aunque sea para construir una canoa. “Ya existe un conflicto de tierras en el Tercer Mundo. Agregarle esto sin duda traerá inmensas tensiones entre los indígenas y campesinos y el gobierno”, dijo Schapiro.

¿Pero qué hay de los gobiernos? Las posiciones de los países en los que estas iniciativas podrían tomar lugar —entre los que está Panamá— son variadas. Brasil, el principal protagonista, se opone —al menos a nivel federal— a vender sus tierras a multinacionales. Pero las presiones de los gobiernos de los Estados —como es el caso de Paraná— parecen estar haciéndolo ceder.

Del otro lado de la balanza están los otros dos “gigantes selváticos”: Indonesia y Papua Nueva Guinea, que apoyan firmemente estas iniciativas. Otros países con grandes selvas darán a conocer sus posiciones pronto. Mañana se espera que Evo Morales se refiera al tema durante su participación en el Bella Center, y a las 6:00 p.m. Ecuador y Perú darán a conocer sus posiciones y estrategias en un evento conjunto.

¿Y PANAMÁ QUÉ?

Panamá, por su parte, es aún una incógnita. Por un lado, muchas de las tierras que podrían ser usadas para este proyecto están protegidas por ley. Por el otro, si un futuro acuerdo REDD lo permite, Panamá se convertiría en un gran objetivo de estas compañías.

Schapiro no tiene ninguna duda de lo que le espera a los bosques panameños: “Panamá tiene grandes bosques y una magnífica relación con EEUU. Es obvio que las compañías preferirían lidiar con Panamá que con Venezuela o Ecuador”, aseguró. Respecto a esta posibilidad —y de la nula participación que se comenta que ha tenido el país en la cumbre— La Estrella intentó contactar al personal de la ANAM en la capital danesa, sin obtener respuestas concretas.

Por todas estas razones, la expectativa era altísima para el borrador de acuerdo que se publicó el lunes temprano. Pero la nevada matutina trajo consigo otra decepción más: los delegados estadounidenses lograron eliminar las frases en las que se aseguraría que los bosques no se convertirían en plantaciones de biocombustible y que se respetaría a los habitantes de los mismos. “Las cosas están caminando hacia atrás”, dijo Bill Barclay, de la Rainforest Action Network, “la preservación de los bosques está siendo sacrificada por intereses nacionales”.

Por si eso fuera poco, ayer se esperaba que los dos ecosistemas que conviven estos días en la ciudad, el oficial —concentrado en el Bella Center, con las delegaciones gubernamentales y algunas ONGs como protagonistas— y el alternativo —el de las múltiples conferencias alternativas y protagonizado por apasionados activistas— choquen en lo que se comenta será “una verdadera batalla campal, peor que Seattle en 1999”.

Con este panorama, lo único que podría salvar esta cumbre sería que la llegada de los Obamas, Lulas y compañía trajera consigo acuerdos sorpresa. Hasta ayer, Copenhague era un gran fracaso. Se ve en la frustración de los activistas —que sin duda explo tará pronto– y en la desesperación de los países insulares que desaparecerán del mapa (los cuales han sido invitados a unirse a la protesta). Si no fuera porque el futuro de la humanidad depende de esta cumbre, darían ganas de reírse.

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Hogar Bolívar: El silencio del crepúsculo

Panamá, Julio.2009

Visitar un asilo de ancianos no figura, con toda seguridad, en la lista de cosas por hacer de la mayoría de la gente. Ni siquiera de la gente que tiene familiares en ellos. Parafraseando a la escritora Pearl S. Buck --primera estadounidense en ganar el Premio Nobel de Literatura--, Hubert Humphrey, vicepresidente de EEUU de 1965 a 1969, dijo que “la prueba moral de un gobierno es la manera como trata a aquellos que están en el amanecer de la vida, los niños; a aquellos que están en el crespúsculo de la vida, los ancianos; y aquellos que están en las sombras de la vida, los enfermos, necesitados e impedidos”. Recorrer el Hogar Bolívar un sábado por la tarde sirve para constatar que Panamá –como nación y como gobierno—fracasa miserablemente en esta prueba, al menos en cuanto a ancianos se refiere.


Al entrar al lugar, lo primero que salta a la vista es la falta de actividad. El silencio, solo amenizado por el ruido del viento meciendo las ramas de los árboles, es casi perturbador. Parece que el tiempo no pasa. De ninguna manera se podría pensar que en esos pabellones –Santa Luisa, San Rafael, La Milagrosa, San Vicente, San José y Sagrado Corazón-- habitan cientos de ancianos.

Al fondo, un hombre joven empuja la silla de ruedas de un anciano, una de las pocas visitas realizadas aquella tarde al asilo. Tristemente, no hay nada de especial acerca de este sábado. En este lugar los días no tienen nombre: “diría que el 10% de los ancianos se van con sus familiares para las fiestas de diciembre”, dice Flor Isabel Batista, directora del asilo. Sor Isabel pertenece a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, quienes se hicieron cargo del asilo unos 10 años después de su fundación (en 1883 por Gabriel Duque y su fundación). Luego de pasar por varias sedes, en 1923 el Hogar se traslada a su local actual, una finca ubicada en Juan Díaz. El Hogar Bolívar llegó a tener en algún momento unos 350 ancianos. En los últimos cuatro años esa cantidad ha disminuído y, desde 2007, no se están aceptando nuevos ancianos. En la actualidad, 250 ancianos habitan el lugar, divididos en dos secciones. Unos 73 habitan la llamada “pensión” --la élite del asilo-- en la que los familiares del anciano pagan algo de dinero para que esté allí y los visitan más a menudo. El resto es la llamada “Obra Social”, en la que los familiares no aportan nada.

Según Sor Isabel, el descenso en la población de ancianos y el cierre de nuevas admisiones se debe a un motivo fundamental: la falta de dinero. El asilo cuenta con 133 trabajadores que cobran su salario de tres planillas distintas: una pagada por el Ministerio de Desarrollo Social (60 personas a $325), otra por la Lotería (8 personas a $425) y otra por el Hogar mismo (59 personas que cobran salario mínimo). Seis personas trabajan por servicios profesionales. “Aquí hay espacio de sobra. Las camas no son problema tampoco. El problema es que nadie quiere cuidar ancianos y ganar salario mínimo”, se queja la directora, una de las nueve religiosas –de las cuales solo dos son panameñas--que trabajan en el Hogar. Razón no le falta: para pagar su planilla, el asilo depende de las donaciones, las cuales son muy escasas (El Hogar Bolívar estará entre los beneficiados por el salario del presidente Martinelli y recibirá 500 dólares mensuales). Sin embargo, Sor Isabel se permite un deseo: “ojalá el Gobierno agarrara la planilla”, dice, para inmediatamente aterrizar, “pero la verdad es que les importa muy poco”.

Oriunda de Cuesta de Piedra, Chiriquí, Sor Isabel, de 62 años –y monja desde los 20-- emana ese aire de dedicación y resignación que define tan bien a este lugar. Hablar con ella, mirar sus gestos, su tono, sus expresiones, es sentir el ambiente del asilo. En sus palabras no hay alegría ni tristeza, no dice una palabra más alta que la otra. Pero en esa sobriedad, si se sabe observar, se encuentra la fuerza, el trabajo y la convicción necesarias para vivir aquí. “Trabajar con niños”, dice, recordando su paso por el Hogar San José de Malambo, “es completamente distinto. Los niños son vida, son el futuro. Aquí se siente que todo va cuesta abajo”. Estamos en uno de los pabellones femeninos de la “Obra Social”, en donde habitan unas 87 ancianas. Filas de sofás y sillas de todo tipo son ocupadas por ancianas también de todo tipo. El panorama es perturbador: aquí una anciana habla sola, soltando alaridos periódicos contra personas que solo ella ve; más allá, otra señora se balancea hacia delante y hacia atrás sin ningún motivo, como si estuviera recordando algo tremendamente triste. Al ver a Sor Isabel, muchas se le acercan, la mayoría hablándoles de cosas sin sentido. Una de ellas, Bertilda Polo, nos canta una canción de amor, evidentemente emocionada de ver visitantes.

Se acerca la hora de la cena, las tres de la tarde (el desayuno se sirve a las 7 y a las 11:30 el almuerzo). Ver comer a Dalys Castillo es quizá la experiencia más pintoresca del lugar. Con apenas 63 años y más de 20 viviendo en el asilo, es el vivo ejemplo de muchas cosas que se hicieron mal en este lugar, donde actualmente viven, junto a los ancianos, varios pacientes del clausurado Hospital Psiquiátrico. A Dalys no le gusta el arroz, y desconfía profundamente de los alimentos que le dan. “Aquí les echan cosas con jeringuillas al plato”, asegura, “para que estemos sedados y nos durmamos”. Según ella, un tío la “encerró” allí en 1989. Su paranoia no tiene límites: asegura que el lugar “carece de seguridad” y que “una colombiana que le tiene rabia” ha entrado repetidas veces a robarle y se ha llevado ya “19 o 20 radios” suyos.

En los pabellones masculinos, el ambiente no varía. Filas de sillas ocupadas por ancianos ensimismados. Miradas perdidas, movimientos lentos y expresiones inescrutables. Al fondo del pasillo, un anciano observa un juego de béisbol en una televisión donada al asilo. En una de las habitaciones, uno saca su pene y orina en un recipiente que cuelga del borde de la cama. Cerca del televisor, pero no mirándolo, se encuentra Gervasio Soto, de 76 años, y que vive hace dos años aquí. Nacido en Penonomé, asegura tener 13 hijos, seis varones y siete mujeres. Dos de ellos viven en Estados Unidos. El abandono por parte de sus familiares ha hecho mella en los ancianos: al hablar de sus hijos, Gervasio lo hace como quien habla de familiares lejanos, y cuenta, sin un rastro de emoción visible en su rostro, que su hijo Samuel “vino una vez” a visitarlo.

El genio estadounidense Henry David Thoreau escribió una vez que “nadie es tan viejo como quien perdió el entusiasmo”. La cita viene como anillo al dedo: si entrara al Hogar Bolívar, a Thoreau probablemente le daría un ataque al corazón. La falta de vida es abrumadora. Si bien es cierto que por las mañanas algunos ancianos realizan ejercicios de terapia, es casi depresivo ver la total inexistencia de actividad, la falta de familiares visitando, la desesperanza que llena cada uno de los rincones del lugar. Los ancianos del Hogar Bolívar son los abuelos de alguien, los padres, tíos, primos y amigos de alguien. Son gente que ha dado lo mejor de sus vidas por sus familias y por este país. Las religiosas y sus colaboradores, por otro lado, realizan una titánica y admirable labor. Ellos pueden salir con la frente en alto de este lugar. El resto, Gobierno y sociedad, podría empezar a buscar su futuro en las caras de estos ancianos.

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Taiwán: el país que la ONU se niega a reconocer

Taipei, junio.2009

Desde el piso 91 del Taipei 101 –a día de hoy el edificio más alto del mundo--, la ciudad que da su nombre al rascacielos aparece en toda su majestuosidad: un laberinto de anchas avenidas, inmensos puentes, túneles imposibles, y preciosas montañas. Con una densidad de población de 9,369 habitantes por kilómetro cuadrado, da la sensación de que no cabe un alfiler. La prosperidad es evidente, como lo atestiguan los centenares de rascacielos parece mirar hacia arriba al 101. Pero no sólo de rascacielos vive Taipei: los mastodónticos templos, sobre todo el dedicado al 'Generalísimo' Chiang Kai Shek y a su antecesor Sun Yat Sen –algo así como el Julio César y el Octavio César Augusto del país-- o el precioso Museo Nacional del Palacio, muestran una ciudad amada, cuidada y hecha para durar. Es casi desconcertante pensar que una ciudad como Taipei, orgullosa capital de Taiwán –la decimosexta economía del mundo y un 'milagro' de desarrollo económico--, ha florecido de espaldas al mundo y con unos 1.000 misiles apuntándole desde el otro lado del estrecho que la separa de la China continental.


El Taiwan moderno es uno de esos raros productos que han salido de nuestro mundo post segunda guerra mundial. Su parte física es una isla predominantemente montañosa --llamada Formosa (hermosa) por los portugueses que por primera vez la avistaron-- de 36,000 kilómetros cuadrados, separada del continente asiático por los 180 km del estrecho de Taiwan. Su parte política, la República de China, fue establecida en 1912 por el revolucionario doctor Sun Yat Sen en la China continental, cuando la isla de Formosa aún era una colonia japonesa. La isla y la República China vieron sus destinos unirse en 1945, con la rendición japonesa en la segunda guerra mundial, y luego se aferraron el uno al otro en 1949, cuando los comunistas de Mao expulsaron a los republicanos de Chiang Kai Shek –sucesor del Dr. Sun— del país y los obligaron a retirarse 'temporalmente' a la isla, estableciendo su capital en Taipei. Por varios motivos, entre ellos la Guerra Fría, los comunistas nunca pudieron tomar el control de la isla, y la rocambolesca situación que se produjo podría equiparse a lo que hubiera sucedido si Fulgencio Batista hubiera huido con su Gobierno a una isla caribeña o si el Shah de Persia hubiera creado una monarquía insular en pleno Golfo Pérsico.

Con Chiang Kai Shek arribaron dos millones de chinos 'continentales', que si bien se sumaron a los seis millones de taiwaneses que ya vivían en la isla, dominaron, sobre todo en los primeros años, las instituciones y los puestos de privilegio en el país. El Generalísimo Chiang murió en 1975 y, hasta 1987, el país vivió bajo una ley marcial. Nueve años después, el país se abrió a la democracia, celebrando sus primeras elecciones. Este giro hacia la democracia, sumado al planificado e impresionante desarrollo económico, han convertido a Taiwan en lo que es ahora, una historia de éxito y un ejemplo para los países en vía de desarrollo. Lastimosamente, lo que ha ganado en prosperidad y democracia lo ha perdido en reconocimiento internacional. La consolidación de la revolución maoísta provocó la expulsión de la República de China en 1971 de la ONU y, en la actualidad, goza del reconocimiento diplomático de sólo 23 países, entre ellos actores tan intrascendentes como el Vaticano, Kiribati o Nauru.

De espaldas al mundo –diplomáticamente, al menos—, Taiwan y su gente se han convertido en un pueblo muy particular. Al ser una democracia hecha y derecha, se precian de ser “una isla de libertad” frente al coloso comunista que tienen enfrente. Sin embargo, este amor por la democracia no les impide comerciar con Birmania, posiblemente –y excluyendo a Corea del Norte—el régimen más aislado, represivo y totalitario del mundo. Sus ideales democráticos parecen no hallar contradicción, tampoco, en sostener relaciones diplomáticas y programas de cooperación con Suazilandia, la última monarquía absoluta de África, un desastre llamado país en el que cuatro de cada 10 personas padecen de SIDA y cuya expectativa de vida, en todo caso, no supera los 35 años. Sobre esta última contradicción, un alto funcionario del Ministerio de Información me comentó que “no les gustaba meterse” en los asuntos internos de sus países amigos.

Taipei, un monumento al capitalismo en lengua china, es una ciudad fascinante y a la vez abrumadora. Sus anchas avenidas se encuentran abarrotadas de motos, que pasan vertiginosamente cerca de los automóviles. Sus semáforos, curiosamente, cuentan con un cronómetro que despliega los segundos que faltan para el cambio de luz. Sus calles se encuentran repletas de tiendas de lujo, con franquicias americanas –sobre todo los mini supermercados Seven Eleven, uno en cada cuadra— centros comerciales, restaurantes de toda clase y hoteles de lujo por todos lados. De manera más tradicional, el mercado nocturno de Shilin es una olla a presión, asfixiante, en la que miles de personas desfilan apiñadas por sus calles a la caza de una buena oferta. El taiwanes, como todo ciudadano primermundista, es enfermizamente consumista, y el triunfo del capitalismo sumado a la influencia del periodo japonés lo ha convertido en una especie de chino refinado y occidentalizado, amante del sushi, la ropa de diseñador y los artistas de Hollywood. La diferencia con sus “hermanos” continentales es la del niño rico con el campesino: el turista aprende a diferenciar a los pocos días, y por sólo observar su aspecto, a los turistas 'continentales' –que son mayoría-- de los japoneses y, por supuesto, de los propios taiwaneses.

A pesar de la evidente occidentalización, sería un grave error decir que la cultura y los valores chinos se han perdido en esta singular isla. El taiwanés es, ante todo, un ciudadano orgulloso de su país, de su milenaria cultura y del particular estatus político de su gobierno. Los volúmenes de visitantes locales al impresionante Museo Nacional del Palacio --donde se exhiben más de 650.000 piezas que engloban más de 2,500 años de historia-- en cualquier día de la semana bastan para corroborarlo. Los centros culturales,donde se venden artesanías y comidas típicas, están constantemente repletos de familias pasando el día. La amabilidad y la humildad de la gente llaman poderosamente la atención.

Pero por encima de todo, es imposible pasar más de un día en Taiwan sin tener la impresión de que la prioridad de su gobierno, y de la mayoría de su gente, es el bienestar común del pueblo. Sus políticas económicas son ejemplos de visión y continuidad. El plan de desarrollo, iniciado hace casi 60 años, se ha ejecutado cumpliendo estrictamente los plazos y adaptándolo a la cambiante situación económica local y mundial. Mencionar al ex presidente Chen Shui-bian, “el corrupto”, hace sonrojar de verguenza a muchos ciudadanos, que en las últimas elecciones volvieron a votar por el Kuomintang –el partido de Chiang Kai-shek—y su candidato, Ma Ying-jeou. Con Ma, que significa “caballo” en mandarín y asumió el poder en mayo de 2008, se podría decir que los taiwaneses escogieron a su propio Obama. El presidente es joven y popular, casi un sex symbol. A pesar de su posición, su esposa viajaba, hasta que tuvo que dejar de hacerlo, en metro a su trabajo. Pero más allá de su innegable carisma y aparentes humildad y rectitud, Ma llegó a la presidencia impulsado por sus propuestas con respecto a la relación con China continental –la falla tectónica que divide a los políticos en Taiwan--, que se resumían, como todas las propuestas políticas atractivas, en una frase: diplomacia flexible.

Hoy, poco más de un año después, la diplomacia flexible ha demostrado ser un éxito rotundo y sin precedentes. China continental y Taiwan han establecido una tregua diplomática y han dejado de competir por “aliados” alrededor del mundo. Han restituido el correo y los viajes directos y, de manera indirecta, han firmado una serie de acuerdos y hasta una declaración conjunta. Como resultado de esto, Beijing ha relajado el aislamiento internacional al que tenía sometido a la isla y la República de China –con el nombre de “Taipei Chino”--pudo participar recientemente en la Asamblea Mundial de la Salud. Los dos osos pandas que constituyen la atracción del zoológico de Taipei, un obsequio de “buena voluntad” de parte del gobierno de Beijing, son una prueba hermosa y viva de que ambas partes se encuentran por el buen camino.

Además, el pueblo taiwanés, como indican las asombrosamente regulares encuestas, está complacido del ritmo al que llevan las negociaciones con los chinos 'continentales'. Los taiwaneses parecen conscientes de que mucho amor empalaga, y una abrumadora mayoría aboga por mantener el statu quo: ni unión al estilo Hong-Kong --que es lo que desea Beijing--, ni declaración de independencia, que sería un acto de guerra según las leyes 'continentales'. Además, contrario a lo que sucede, por ejemplo, en los territorios palestinos o en Kosovo, la situación actual a ambos lados del estrecho no conlleva la violación de los derechos de nadie. Esta madurez para llevar las cosas al ritmo adecuado es beneficiosa para ambas partes: a Taiwan le permite, después de muchos años, empezar a tomar un lugar en la comunidad internacional --de lo cual todos se benefician--, y a la República Popular China le permite maquillar su pésima imagen internacional, con conflictos étnicos en Tíbet y la región de Xinjiang, que solo se ve sostenida por un cada vez mayor poder económico.

Todo esto, es cierto, no ha logrado quitar ni uno solo de los misiles que apuntan a Taiwan desde el territorio chino. Tampoco parece vislumbrarse en los planes actuales una hoja de ruta, con un camino a seguir para una solución final. Las treguas son temporales, y las tensiones, e inclusive la violencia, podrían aflorar en cualquier momento a través del estrecho. Todo esto es cierto. Pero no lo es menos que Taiwan, un país que pasó de ser una empobrecida colonia japonesa en medio del Pacífico a ser la decimosexta economía del mundo, que pasó de la ley marcial, la dictadura y el predominio 'continental' a una democracia moderna, una sociedad igualitaria y hasta una gran integración de sus trece grupos aborígenes, está en condiciones de sobra para sorprendernos, a propios y extraños, una vez más.
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